lunes, febrero 27, 2006

otra vez el príncipe y la princesa

...una historia que me ronda la cabeza desde ayer, un par de imágenes, antes que nada: Se trata de un príncipe, que por milagros de la vida tiene la piel de un erizo o puerco espín y anda montado en un gallo enorme, es poderoso, pero nadie quiere casarse con él por su apariencia. Le salva la vida a un rey, y éste le da a su hija. Él la toma, pidiendole que por tres días no le pregunte de dónde viene ni toque la piel espinosa que se quita cada noche de nupcias, al dormir con ella. Pero esa tonta, arrobada porque sin piel el príncipe es hermoso, la lanza a la chimenea. El príncipe-puercoespín la abandona, adolorido y furioso. Ella se arrepiente, cómo no hacerlo, decide lanzarse en su búsqueda. Agotará caminando tres sayos de tela dura y tres pares de zapatos, unos de bronce, otros de hierro, otros de acero... su cabeza se tornará blanca, y verá muchas cosas, hasta cambiar internamente y merecer hallarlo. El resto, como los cuentos no son las historias, no te dice cómo viven las personas felices, quizás porque ellas mismas no se dan cuenta en qué consiste su felicidad. Quizás, lo que me pasa es que yo sé que necesito cierto orden de procesos,ciertos desafíos a lo largo del tiempo, antes de saberme merecedora de algo, de alguien

lunes, febrero 20, 2006

Irlanda

Mataron a todos, los mabinogios: guerreros, pastores, marineros, mujeres. Hubo sangre, huesos rotos, y desolación. Cinco de ellas, encintas, quedaron. En una cueva, en un desierto, lejos de todos aquellos que ebrios buscaban la muerte. Cinco hijos tuvieron, salvajes, que se hicieron como si el mundo entero fuese suyo. “Al ser hombres, al interesarse por las mujeres” dice el Mabinogi, como si una cosa implicara la otra, “cada uno desposó a la madre del otro”. Y poblaron, así, cinco reinados.
Meath y Ulster aún conservan su nombre. Conacht, Leinsten y Murster deben estar escondidos tras las denominaciones geográficas del siglo… Ni la loba que alimentó a Rómulo y Remo, ni la pareja que fundo el Tahuantinsuyo, al bajar del cielo, me llegaron tanto como la imagen de éstas abandonadas, valientes, capaces de sobrevivir para parir un reino. Dios salva a las reinas…sin duda

viernes, febrero 17, 2006

bestiario


Bajan a comer los fríos cadáveres de los seres del mar salado. Melenas al viento, fauces cerradas y ojos avizores, están escondidos tras los árboles oscuros, en lugares sin nombre...

lunes, febrero 13, 2006

cuando me hablan del mundo

Tengo una idea del mar que se reduce a los diversos azules y relieves dentro del celuloide, armado en mi memoria a base de comparaciones y recuerdos de horizontes blanqui-azules, salados, fríos y tibios, de un par de orillas donde me he zambullido y zarandeado en los dos costados del continente.
Tengo una idea más difusa aún de los territorios que bordean el Pacífico y el Atlántico, reducidos a una serie de clichés televisivos y a una impresión brumosa, producto de las horas de andar revisando mapas y nomenclaturas en mi, atribulada, cabeza.
Cuando me hablan del mundo, mi mente escucha la lluvia incesante de datos que conforman mi experiencia.
En cuanto a las relaciones intra humanas, mi comprensión va amoldándose: dentro y fuera de mi cuerpo laten todos al unísono, debajo de los 37º C que definen la cálida masa amorfa que constituimos.
Y aún así, con toda esta confusa serie de imaginarios en mi cuerpo y mi cerebro, dicen que soy una persona seria y coherente, de la que se pueden esperar sensibles opiniones sobre lo que nos rodea y acontece.

lunes, febrero 06, 2006

formas de llegar

Abres la puerta, hay cucarachas por todo el piso, muertas, y huele a encierro. “He estado afuera demasiado tiempo”, murmuras, mientras te pones a barrer.

Llegas y lo primero con lo que te topas son las cuentas sin pagar, lo segundo: con que te han cortado la luz. Hay tantas cosas rotas y tú vienes tan cansada que sabes que hasta no ver otro día no tendrás ánimo para enfrentarte a ellas. Así que no te queda otra que arreglar el primer colchón que encuentras hasta que te da hambre y decides salir, tras una ducha.

No quieres que nadie sepa donde estás o que llegaste, así que evitas el teléfono por un rato. Es un lunes –esa tu manía de llegar los lunes- y tu hambre combinada con la noche borrascosa te empujan a un café chico, de moda pero en estas circunstancias vacío, y tus ganas de gastar un poco de dinero y saciar tu apetito te empujan a pedir spaghetti a la gorgonzola. Afuera, llueve.

Sales corriendo a hacer cola para pagar todas las cuentas atrasadas, porque quieres luz y gas y una ducha tibia mientras escuchas a Drexler. Hasta más allá de las doce no te haces un espacio para comer un sándwich francés, antes de hacer otra cola y conseguir dos entradas para Sabina. Menos mal que llegaste a tiempo, son casi las últimas medianamente vivibles. Luego, sin querer llamar a nadie –pocos son los que te llamarían, en realidad- te metes a ver Old Boy (la escena del calamar vivo es impresionante como decían, el resto no) y luego tratas de comprar un poco para paliar tus ganas mal atendidas de comer.

Con el spaghetti y una vela como compañía, escuchas llover. En tu abstracción (eso que haces siempre, cuando tienes dos segundos de sosiego) no te das cuenta de que la calle se está inundando. Al salir, no podrás hallar taxi por un buen par de cuadras, y estás mojada, con las sandalias beige plataforma en una mano y el cabello corto humedecido, mientras sonríes feliz pateando el agua sucia. No está mal llegar así, después de todo.

Hay mucho en oferta, pero aquí no te dan ganas locas de flan como cuando estas en tu país, ni los yogures te parecen tan apetecibles. Además, cada trozo de queso vale lo que dos entradas al cine y si te preguntan, “cine o sardina” tú deberías responder, como el Gran Caín Cabrera Infante, que o cine o cine. Debe de tener algo que ver con eso de que la comida embrutece y el alcohol ilumina, debe ser algo como el alcohol, el cine. Antes de dormir con el estómago más vacío que lleno, seguro agradecerás al cielo y a la vida. Oportunidades de llegar así de satisfactoriamente a un lugar ajeno son difíciles, en verdad.

“Quizá” te dices, mientras te metes a la cama solitaria, “la cuestión está en saber llegar, como dice la ranchera”. Otra manía tuya, aparte de la abstracción, es pensar boludeces como ésa.

jueves, febrero 02, 2006

A mi costado

“No tengo alas para llevarte, pero si faltas, cómo salvarme” (Ismael Serrano)
Todavía no le pregunté si se quedará, temo mucho la respuesta de un jamás, de un imposible. Temo, por sobre todas las cosas, que ella reflexione y considere su actuación, su comportamiento, como algo descabellado e irracional. Aún, por suerte, me mira como la primera vez, con esa mezcla de voluptuosidad y amansamiento que la caracteriza. No olvidaré yo, nunca, la manera en que una noche apareció en mi cama y decidió quedarse. Desde ese primer desayuno mi escrutinio no cesó en la búsqueda de una razón para su estadía, sin hallar nada que me distinga del resto, de los otros. Con el tiempo y la calidez de sus manos, con la rutina y el amor de sus comidas, me fui calmando. Aún, a veces, la miro con aprensión: temiendo el día en el que vuelva a “nuestro” lugar y no la encuentre, temiendo esos días frenéticos de ir buscándola, sufriendo como si ninguna otra mujer pudiese reemplazarla. Acaso ninguna puede. Mientras tanto, consciente del milagro de su permanencia, no ceso de llevarle flores, regalos y comida, para que se acostumbre y sienta -¿es que pido demasiado?- que éste es su lugar en el mundo. No quiero imaginarme mis noches con su ausencia, el día en que ella despierte y decida, a la fría luz de los hechos y los días, que no soy quién para hacer, (de mi persona, de mi compañía), la razón de su demorarse aquí, a mi lado.

viernes, enero 27, 2006

eso que no puedo dilucidar

Estoy en el boliche, rodeada, atravesada por ojos y miradas, por roces y espaldas, telas y músicas. De un humor tan peligroso que al día siguiente sé que voy a tener que pesar mis palabras, calibrarlas, con la vana esperanza de que me crean borracha, incapaz de herir sobriamente a nadie. Estoy con varios vasos, aunque pronto serán sólo vasos llenos de agua, (pretendo convencer, ¿a quién? en vano, que se trata de vodka aguado o algo similar), estoy conversando con varias personas, estoy bromeando y mirando a los ojos a un escritor muy conocido. No puedo evitar pretender, desear, conocer cómo piensa éste del que se habla tanto. Le conozco a través de tantas amigas y amigos en común, de tantas situaciones próximas, que no distingo bien a la persona de los recuerdos compartidos que conforman la información, las imágenes y sonidos que poseo de él. Mi humor, ácido como el limón que acompaña los tequilas, no alcanza para cuestionarlo como verdaderamente quiero. Una sensación extraña me embarga, a ratos, sin que yo sepa porqué, mientras ella pasea y saluda en un proceso similar al nuestro, bromea en un proceso similar al nuestro, divinamente hermosa y segura de sí misma. Cuando desaparecen juntos, en primer lugar, no pareció que desaparecieron juntos y de común acuerdo. Cuando nos llamaron desde otro boliche para acompañarlos, en segundo lugar, no pareció que lo hicieron porque sabían lo que estaban haciendo. Cuando llegué yo y la vi, besándolo, (olvidada de los ojos, las miradas, los roces, las espaldas, las telas y las músicas), me pareció que no me correspondía el tercer lugar. Así que mi humor y yo partimos, junto a románticos y apasionados amigos, a mirar los puentes y la noche, a dilucidar los misterios de los recuerdos, mientras arrojábamos botellas a los ríos. Por suerte, logré que el sentimiento que me embargó al momento de verlo se diluyera, junto a mi humor, antes de que el cielo se llenara del azul de este amanecer. Y a pesar de todo lo descrito, no alcanzo a explicarme, a entender, porqué la sensación que me ronda y cuida a ésta, nuestra amiga en común, es una sensación de derrota, como si su error –besarlo, tener una relación, siendo él famoso, casado, inalcanzable- fuese mío en parte, como si mi circunstancial entrada a ese boliche tuviese algo que ver, en parte, cuando las vidas y recuerdos de los que me rodean apenas alcanzan a definirme como la que soy, con copas o sin ellas, y no permite, de ninguna manera, apresar lo que exactamente siente, desea o percibe el otro. (Apenas un temblor, unas posibilidades, me circundan).

miércoles, enero 25, 2006

O

Sonrisa campesina

Manto de cuento

Ojos traviesos

Y olor a tabaco


Mi abuelo…

Z

Una osamenta pesada

Una elefanta

Una grande ojos verdes

Y flor cerrada



Mi abuela…

miércoles, enero 18, 2006

Toda emoción pasa

Y una está, indiferente, con su café de las nueve, leyendo porque hay que leer, porque toca Milanés, porque la comida todavía no debe ponerse a las hornallas. De pronto, así como puede llegar la incoherencia, caen los ojos sobre las páginas manchadas de suciedad, de sudor, de la represión de Todos los Santos en 1979. Todos Santos, día de muertes. Natusch y los tanques. Los tanques absurdos en el Prado, los tiros, mi gente que en Navidad del 2005 no puede desear felicidades y recuerda –riendo, llorando- que murió el de al lado con un tiro en el pecho, que escapó el hermano menor, que el mayor no se imaginó lo que iba a costar el enfrentamiento. De golpe, todas a la vez, las imágenes de civiles corriendo, de manifestaciones y de paros, de huelgas y de llanto, me emborrachan. No he terminado el café y no ha terminado el gobierno de García Meza, en las páginas de mi libro. Estoy yo quieta, como congelada, susceptible de todo tipo de estremecimiento. Mi hermana toca mi hombro, me pregunta cuándo nos vamos de viaje, de vacaciones; sorprendida de verme casi llorando. Y yo, la mujer menos indicada para explicarle todo esto, sólo atino a balbucear, como tantas otras cobardes: “No es nada…debo estar lábil, por mi período menstrual, por mis hormonas, por mi tendencia a la melancolía. Nada más”. Con el paso de las horas, Natusch, Lidia, Siles Suazo, Marcelo –también él- se irán diluyendo, como los vapores de mi cocina, este mediodía. Toda emoción pasa… y desaparece.

martes, enero 10, 2006

La iglesia barbada, el mantel y su sombra

Soñé con una iglesia, recuerdo que deseaba llorar por lo bella que era, abombada y con un aire que extrañamente parecía rodearla de líquenes grises, ajados, como cuando no se pueden ver bien ciertas formaciones arbóreas, porque hay cierta distancia y además está oscureciendo al momento de posar nuestra mirada en ellas. La iglesia estaba llena de arcos y me producía sensaciones que no recuerdo haber poseído en otros sueños, como si últimamente me estuviera volviendo más sensible a las cosas que siento en oposición a las cosas que pienso, dentro de los sueños, por supuesto. También soñé con las preocupaciones del día, con mi madre que dormía a mi lado y con algunas de las ideas que me rondan y me atenazan, a veces. Me sorprende no soñar con las muertas, cuando todo lo que hago es bordar y comer y leerme cientos de páginas de muertas, un listado tan absurdo e interminable que suena a hueco, a casilla vacía, cuando es en realidad un goteo incesante de vidas arrancadas, allá, en Sonora. Pareciera que las odian, que las desprecian y las temen, de tanto que las matan a mis pobrecitas hermanas. Bolaño es tan sensible que tengo la sensación, al leerlo, de que se fue muriendo él también, de tanto averiguar los pormenores violentos de aquél absurdo. Y no debo estar lejos de la verdad, ya que murió sin alcanzar a publicar esto que me come las tardes 2666…ya vendrá una reseña más trabajadita cuando lo termine, que no es poca la tarea a la que me enfrento (casi como terminar de bordar un mantel ya comenzado, díriase).

lunes, enero 09, 2006

Estar a tiempo

“Lo que pasa con las mujeres, es que no llegan a considerarse del todo humanas”. Caminábamos a tientas, adivinando el suelo con los pies, guiados apenas por el rumor del agua. No hacía frío, solamente las luciérnagas, jugando a disfrazar los montes de cielo, tiritaban. La noche agrisada, vivaz, atrapada por la luna -esa otra mujer, que vive tomando sol- nos imponía temas un poco borrosos, como los contornos de un recuerdo. “Muchas veces las buscas por trozos, de a pedazos. Absorben las cualidades de las cosas, a veces son sólo grandes conocedoras de música, a veces besan bien, a veces te miran y sólo quieres que la vida se te vaya correspondiendo a esa mirada”. Yo camino apoyándome en su hombro, deseando cuidar para siempre una imagen que parte sólo de mí misma (una boca tersa, humedecida, unos ojos jóvenes que envuelven, como brazos muy calientes), algo que supo ser inefable o atrayente y que va redondeándose, pulido por los días que pasan y hacen a las mujeres retratos, fijaciones, máscaras del misterio que encierran, que ya olvidaron. “¿Nunca supiste querer a alguna como ella misma, como a un ser auténtico, irrepetido e irrepetible?”. “Claro, la quise. Como a alguien que posee además, su juego propio”. Las estrellas parecen querer bajar hasta nosotros, mientras yo lamento la desaparición de aquello que supo hacerlo mío, hace tantos instantes. “Tal vez el secreto radica en mirarlas de una vez, enteras, bien al frente”, me dice, sus palabras se pierden entre los susurros del silencio . “Como antes”. “Como antes, sí, cuando nosotros fuimos a construir ciudades y ustedes se fueron a conocer los misterios de los cuerpos, de las plantas, cuando nuestra pasión era cuidarlas y el vuestro era guarecernos”. No nos miramos, una luz roja atrae a las luciérnagas, anunciando el final de un recorrido. Queremos abrazarnos, prometer, quizá absurdamente, que volveremos a ser, él y yo, humanos que supieron mirarse, cara a cara, sin caer en lo aparente. Tus ojos y mis ojos, deseando por fin lo que realmente ven. “Quizás las mujeres estemos volviendo a ser”. Sonríe como quien ha sido descubierto, en el momento exacto de pronunciar algo compartido. “Quizás su llegada resulta no ser demasiado tardía”. Entrando a la puerta roja, sin tocarnos, subimos a la luz como quienes creen, aún, estar a tiempo.

martes, enero 03, 2006

Alejandra Dorado "Oh! Dolorosa pequeña niña" (Tragedia en XIV actos) Collage digital, impresión sobre canvas 110x66 cm, busco desesperadamente

Dolorosa pequeña niña qué imagen amable tengo de mí misma me miro en el espejo y no recuerdo porqué dijeron lo que dijeron la verdad no importa todos los hombres son lobos incluyéndote a ti que te acercaste prometiéndome tocar la luna y a dios pero sólo sentí un líquido caliente blanco rojo todos los hombres son fieras son jueces me miran me persiguen me torturan yo escapo pero vas comiéndome de adentro los hombres se lavan las manos vas creciéndome dentro las mujeres me gritan pequeñas muertes soy sagrada recojo hilos de tinta me arrojan agujas planchas máquinas de coser mamaderas tú vas llorando saliendo y aunque te hagas hombre me arrancaste ya el pecho el corazón soy santa te amo aún te amé nunca yo también seré hombre mujer niña los ángeles me levantan a pesar de la carnicería de la sangre de los gritos las espinas pobrecita mártir puta iluminada he sufrido pequeñas muertes soy sagrada los hombres perecen en el polvo ya nada es catorce suelta un filósofo tu cuna
“Seré daga” para Alejandra, agosto 2003

lunes, diciembre 26, 2005

Mi lejano

No vivo aquí, soy de otro lugar. No busco tus ojos, vengo de guarecer en mi alma otros, distintos, diferentes a los tuyos. Junto a otros rostros y otras voces, mi cuerpo fluye. Y sin embargo, no soy de más allá. La tierra redonda y azul es mi confín, junto con los cerros angulares y también azules. Mis tonos de voz, mis miradas, mis manos junto a los diversos fuegos, no alcanzan sino a repetir rituales que me pertenecen, aunque estos sean también parte del mundo que me observa. Yo soy el mundo, este mundo, nuestro mundo. Mi piel es la de todos. Por eso, aunque este no sea mi lugar, tampoco me es ajeno. Y tú, así como yo, no dejas de ser, a la vez, mi oposición; mi cercanía. Aquella parte mía que dejo y a la cual retorno, (sin apenas el derecho de llamarte mi lejano).

sábado, diciembre 17, 2005

Te quiero

Te quiero en silencio explorando mi costado, de pie, ante mí, con tu mano fuerte y tus dedos suaves. Tus dedos entre mis piernas, concentrados. Mis dedos en tu boca, sujetos a aquél gajo de naranja que introduzco por sobre tu lengua, lentamente, como te introduces tú, lentamente, hasta que un golpe seco marque las vibraciones de mi estómago y tu boca me bese, habiendo devorado ya la fruta introducida entre tus labios. Te quiero cerrando los ojos a ese instante, tu cuello sobre mi cuello, en el lapso breve que precede al arrojarnos en el lecho, o peor aún, al ir abandonándonos. Te quiero, antes de partir yo, acomodándome el cabello o el vestido, dándote la espalda, para no ver tu rostro encendiendo un cigarrillo, al dejarme partir, como he querido, apenas con esta imagen y mi nada, allá donde tú y yo nos despedimos. (Ese lugar arrinconado, donde nuestras batallas poblaron tantos campos, llenos de mutuos muertos y de heridos).

viernes, diciembre 02, 2005

Intermitencias

Como una hoja, como una imágen que cuenta con demasiados átomos para materializarse, estoy a punto de desaparecer. Dejarse llevar es también eso: estar y no estar, con las intermitencias que Saramago quiere escribir ahora de la muerte. Exagero, como siempre: apenas es un temblor de brazos, lo mío, un insomnio previo al gran viaje que me aguarda. Como si vivir no fuera un permanente ir viajando, yéndose.

sábado, noviembre 26, 2005

Parra sigue vivo, y suelto



Tiene 91 años y la intención de resucitar, aunque sea en forma de rana. El creador de anti-poesía con aires de anarquismo, Nicanor Parra, sigue vivo y suelto, como Parrita, el perro de la casa. Matemático, nacido en Chillán en 1914, con estudios en Estados Unidos e Inglaterra, autor de piezas tan fundamentales como “Poemas y antipoemas” (1954), “Artefactos” (1972), “Hojas de Parra” (1985) y “Poemas para combatir la calvicie” (1996) este antipoeta chileno vive desde hace años en Las Cruces, en la costa chilena del Pacífico.
Autor de versos tan desconcertantes como El hombre imaginario, sus escritos poseen la cualidad, la maravilla, de parecer nuevos cada vez que se los lee. Opuesto a la poesía de Neruda, basado en el habla popular, la bufonada, la risa entremezclada con las lágrimas, su “antipoesía” abunda en recursos cotidianos –sillas, mesas, ataúdes- y al decir de Hernán Miranda Casanova “ha ejercido un efecto germinador en distintos países del ámbito iberoamericano” lo que hace de él la figura más importante en la historia de la poesía hispanoamericana contemporánea.
Quizá porque la tierra costera de la que proviene es fecunda en poetas de la talla de Huidobro, Neruda, Mistral, lo que acabamos de decir parezca una enormidad. Sin embargo, hay que leerlo. Porque Parra, capaz de componer un Rap de la sagrada familia, once años después de celebrar su cumpleaños número 80 sentado sobre un ataúd; capaz de pintar con graffitis las paredes de su casa con la misma agilidad con la que crea objetos de arte a cada instante, (como esa hilera de máquinas antiguas de escribir, con el rotulito que dice “Máquina del tiempo”), es un ser que manifiesta una imaginación desbordante, innovadora, necesaria. Probablemente porque el ocaso de la poesía nos viene rondando, es bueno saber dónde encontrar, alguna vez, un verso fresco.
Más aún cuando sus “Obras Completas” se publican por fin en España, por la editorial Galaxia Gutemberg.

viernes, noviembre 25, 2005

Lista de defectos

No quiero ser ni egoísta, ni celosa, ni posesiva, ni extremista, ni testaruda. No quiero tener ideas fijas, ser inflexible, ser destructiva, ser caprichosa o ser dominante. No sé cuáles son mis defectos, a parte de exagerada, testaruda, pasional y un poco ciega. No quiero ser un monstruo que a su paso atropelle a sus congéneres, los desprecie o los ignore. Hoy, además, no siento que valga para maldita la cosa. Como cada fin de año, no encuentro mi lugar en el mundo. Sólo sé que debo volver a mis raíces y allí verme fortalecida en mis decisiones y caminos. Quiero dejarme llevar como una hoja en el viento, y no ser como esa piedra cansada, que después de rodar y avanzar decidió no moverse más y está ahí, gorda y pesada, sin que nadie sea capaz de moverla de su sitio.

jueves, noviembre 24, 2005

un hada




Una vez, alguien en Villa Gral. Belgrano –lugar de chocolate y duendes, entre las sierras de Córdoba- le sacó una foto a un hada de las verdaderas. Esas de polvo de sueño y huesitos, esas de alas de mariposa y trajes de otoños. En el rostro enmarcado por cabellos blancos, el hada miraba arriba-del bosque-el cielo.

El hada en cuestión posee más de una historia. Se nota. Es vieja: ha visto más de una mujer llorando por amor, más de un niño buscando atraparla, más de un hombre quieto, perdido en el misterio. El traje oscuro marca la belleza de sus canas... hay que haber soñado mucho para hallar un hada encanecida.

Del hada de la foto no sé el nombre, tampoco la tengo. No poseo más que su recuerdo, en brumas. Un nombre para esa hada: Laura. Quizás.

martes, noviembre 22, 2005

Esperas

Esta mañana me he levantado a preparar el desayuno, puse la leche caliente en la mesa, preparé la mantequilla dorada, saqué del horno el pan fresco, tibio y crujiente, coloqué una a una las tazas brillantes de limpias.

Sentada en la mesa no quise comer nada hasta que bajaran todos, pero la leche se entibiaba, la mantequilla pasó del dorado al amarillo, el pan se secaba, las tazas lentamente perdían su brillo.

La leche se enfrió, la mantequilla se hizo rancia, el pan se hizo duro, las tazas se cubrieron de una fina capa de polvo. Ellos no habían llegado, aún.

La leche se hizo cuajo, de a poco la mantequilla se volvió nada, el pan fue cubriéndose de motas verdes, las tazas no tenían ya tonos irisados.

Ya no hay leche, ni mantequilla, ni pan. Las tazas están inmóviles bajo una espesa capa de polvo y telarañas.

Cansada de mirar fijamente a la mesa, quiero observar mis manos, pero mis ojos están secos, y no me es posible.

(2002)