lunes, julio 16, 2007

Animal de Ciudad



Pues sí, dos lindos conciertos por parte del Sr. Basurero y la amable participación de Quimbando
(les recomiendo este video suyo en youtube) contribuyeron a hacer de este un deli fin de semana. Esperemos que la bienvenida a Cochabamba sea como ese letrero que hace rato con Ramón Rocha Monroy queremos poner en el aeropuerto "No somos como dicen" ¡Enhorabuena Compadre! Que los caminos te traigan pronto por acá...

viernes, julio 06, 2007

cuestión de delatarse

Vengo días persiguiendo una sensación determinada: un lugar preciso, similar en todo momento, constante como los retazos de ciudad que perviven a lo largo y ancho del tiempo. Mi rincón personal, por así decir, a donde puedo entrar sin previo aviso. Igual, toca, re-cordarlo, re-construirlo, cada vez: varían sus puertas, sus accesos son siempre diferentes.

Para ingresar preciso siempre de ciertos elementos, ciertos detalles: una letra susurrada en un casette, un sabor, una determinada temperatura en el cuerpo y en la habitación.

A veces, me coge de sorpresa, respiro y de súbito, estoy ahí, sonriente otra vez, como quien se descubre ante su columpio, su circuito de bicicletas preferido. Como esta mañana: granola con yogur, yerba mate, "te seguiré hasta el final" y tú, de repente, cantándome al oído.

Hermoso poder, una vez más, estirarme doblando todas las imperfecciones del tiempo.

y no digo más, porque tampoco es cuestión de delatarse...

miércoles, junio 27, 2007

la bendita q fue

Hay momentos donde el contento es una experiencia física: el cuerpo puede doler o estar adormilado, los ojos pueden estar distraídos, la mirada vagante entre las cosas que conforman el escenario de todos los días. Igual, una, profundamente, se da cuenta de su alegría.

Siempre es un descubrimiento: una súbita sensación de pertenencia, de estar enamorada con el lugar y las circunstancias. En ese vital segundo, nada importa: ni el día de trabajo, ni las horas largas, ni el frío de las noches. Una camina como duerme: plácida, con la tentación entre los párpados, como una santa.

viernes, junio 22, 2007

mujeres bordadas I

Quiero dibujar-bordar una mujer sentada, como empollando un huevo. La mano en el mentón, la ropa azul preñada, el cabello renegrido ensortijado como en punto cadenilla. Tiene la mirada pensativa y los ojos ausentes, pero no está triste. Mira sin ver lo verde y lo acuoso que la rodean. En cambio, las garzas la miran a ella. Prometo poner la foto, aunque sea en un par de años, con tanto carrete suelto en mi cabeza.

miércoles, junio 20, 2007

Tosca

se pierde el sol y yo aún no sé dónde recibirlo mañana. Igual, ahí, desconocida, estaré.

(palmas abiertas a la vida)

¿recordaré, tosca, fluída, indiferente, las rosas de esta tarde?

no lo sé

pero estoy viva.

lunes, junio 11, 2007

lista de hombres

hay hombres diplomáticos y hombres excesivos, hombres disparatados y hombres absurdos, hombres con madre y otros hijos únicos, los hay musculusos, físicos, etéreos, discriminadores, musiqueros o en procesos de desintoxicación, hay hombres golosos, y hombres desinteresados, la lista sigue, la idea es no repetir, y pasársela a las amigas: Nfer, Flaquita azul y Electrokiss son las escogidas, qué otros hombres andan sueltos?

viernes, junio 08, 2007

¿qué hacías ahí?

si yo quisiera hacer una afirmación en este momento, sin dudarla un instante, te involucraría. Hay en ella una expectación, un beso de buenas noches, un final de despedida. Sin embargo, mi afirmación no sabe hacia dónde va, ni qué tienes que ver tú en toda la historia. No sabe tu papel, ni porqué hay tantas rosas amarillas. Ignora, también, cómo empieza.
Eso sí, desea saber.

domingo, junio 03, 2007

estamos solos

Estamos solos.

Vos me miras y yo

Empiezo
a girar

en un calidoscopio.

Una mano tuya intenta
rozarme,
tocar,

quizá,

un trozo de piel

expuesta

entre

los omoplatos,

arriba

Del

tatuaje.

Dentro

del cristal,

tu mano
se quiebra,

pierde

el rumbo,

se multiplica

entre

los numerosos

restos

de mi piel

que

también

se

dispersan,

subdividen.

De pronto
son

nuestros ojos

los que no pueden

encontrarse,
multiplicados,

dentro

de mi

pasean

tus ojos

y los míos,

soñándonos,

yo
toda

una

catedral

de miradas

que

circundan,

circulan,

se buscan,

no se
hallan.

Tratas de besarme,

nuestras bocas

infructuosas

jadean

respirando

espejos

la

ansiada

conexión

se

pierde.

Una y

otra

vez,
hasta

el

infinito.
Estamos
solos.

jueves, mayo 31, 2007

Sin este alivio

Tengo frasquitos rellenos de amor para dar.

De curiosa presentación, opacos, el contenido es de un verde jade, líquido, y terroso.
El cristal de sus botellas es incierto, su procedencia me es ajena. Sólo sé que aparecen ante mi ventana cada mañana, y que mi deber es llenarlos: concentrarme, sacar amor de mis cabellos, de debajo de mis uñas, de mis huesos. Hasta quedar vacía, y aliviada. Algo exprimida, y algo más arrugada que el día anterior.

Lo complicado es despacharlos.
Algunos tienen depositarios habituales y encuentran su destino a lo largo del día. Otros pierden su rumbo y desembocan, a los tropiezos, donde el milagro quiere y corresponda. Yo casi nunca me quedo con ninguno ¿Para qué, si mañana habré de rellenar de nuevo los cristales? Guardo, sin embargo, algunas botellitas añejas, empolvadas, en mi armario. Oscurecidas, concentradas, no son aptas para el consumo. Jamás las he abierto, temo demasiado a la intoxicación de las viejas pasiones.

Un día, sospecho, cambiarán de naturaleza. Se harán cristalinas o espesas, cenizas o jaspeadas. Aún así, seguiré produciéndolas. No me concibo sin esa hilera de cristales misteriosos, sin este lento transpirar de mí misma para los otros.

¿Qué sería de mi, odre repleto, recipiente colmado, sin este bendecido, maravilloso, alivio?

Feria de Santa Cruz II


Ya de vuelta por mi llajta, quiero agradecer a todos los que me hicieron sentir que realmente, la ley del cruceño es la hospitalidad. Gracias especialmente a Sr. Basurero, que me hizo sentir como de la casa! y un gustazo haber podido intercambiar opiniones y libros con Edson, Sebas, y Torumano, todo un personaje!
Ya les daré mis opiniones correspondientes, me siento con una serie de vinos nuevos a probar y degustar en los próximos días.
¡un abrazo!

viernes, mayo 25, 2007

Feria del Libro Santa Cruz





Me olvidé -no sé dónde tengo puesta la cabeza, hace rato- de avisar que ayer hice la presentación de Rosalba en la 8 Feria del Libro de Santa Cruz. Estuve con Sebas de Mundo al revés,que presentará un libro de haikus Otra vez el silencio ¡gracias por la entrevista! y Claudia Peña Claros presentó su último trabajo Con el cielo a mis Espaldas un rato antes que yo, realmente un amor, me encantó conocerte! y me encantó poder hacer un intercambio de libros con ambos... si puedo cuento más cosas pronto

domingo, mayo 20, 2007

digo

Todavía me pregunto si al fin estoy a tono con el mundo - cada deseo correspondido por un item nuevo, coleccionable, ipso facto al alcance de mi mano- o si, sin más remedio, me manipulan quienes quieren desvincularme a él, a ese mundo por fuera de las vidrieras, el hambre y los manifiestos materiales. Todavía dudo.

jueves, mayo 17, 2007

Cumpleaños


Hoy es mi segundo año en Internet con este blog. Estoy contenta.

Me sorprendió saber que es, además, casualidad de casualidades, el día Mundial del Internet o la Sociedad Informática.


Aquí la noticia.


Besos a todos, me gusta que estén aquí conmigo.

miércoles, mayo 09, 2007

mi espejismo

He encontrado a un hombre verdadero. Lo he caminado, bebiéndolo, gota a gota.

Oliscándolo, lamiéndolo, me he hecho familiar a su sabor, a su jadeo.

¿Es esto, en verdad, un hombre real?
¿Este amasijo, este sudor, esta mirada?

¿Soy, ahora, una mujer real?

¿O me pierde,

mi espejismo?

sábado, abril 28, 2007

No puedes dormir

No puedes dormir, ella ya sabe que la estás mirando, aunque finge estar dormida, su respiración acompasada ha cambiado de pulso, de intensidad, puedes percibirlo bajo su escote rosado. Atenta, algo molesta, te escucha entrar, sentarse a su lado en la cama grande –tan parecida a la que compartieron alguna vez-. “No puedo dormir” le dices, y al decirlo te retrotraes, vas hacia atrás, recorres de nuevos sus caderas marcadas, sus ojos fieros, tan verdes que duele. Febril, repites, “no puedo dormir” seguro ya de que te escucha, percibiendo tu silueta igual, similar o idéntica a aquella, cuando te inclinaste sobre ella la primera, fogosa vez, en que la buscaste en tu propia cama.

Pero esta vez no es ésa. Mucho ha pasado y ella está genuinamente exhausta, ajena a tu deseo de cura arrepentido, de hombre escondido tras sus estudios, sus misas, su tequila barato. Cambias de táctica, rozas su brazo terso, aprovechas su duermevela y velas, concilias, tu tono intenso, lo disfrazas de urgida, genuina preocupación. “Cuéntame porqué hemos vuelto” le dices.

Y ella, resignada, entera en un suspiro hondo que la saca definitivamente del sueño, decide empezar, explicar, decirlo todo Mikele, esta vez, por el principio.

viernes, abril 27, 2007

o no les ha pasado

Te hace frío y el sonido de la calle es mullido, apagado, casi como el sol, que ha decidido no mostrarse y se esconde tras las nubes. Te hace frío y te estrechas buscando el calor de quien duerme a tu derecha, y abres los ojos y la ventana, dejas entrar el aire fresco, hueles la lluvia y el parque, escuchas a los pájaros que cada vez son menos, que cada vez se silencian más, se aquietan antes de la temporada del Gran Silencio.

Sales a la calle e instintivamente subes el cierre de tu chaqueta, te cobijas dentro de la tela, queriendo aún estar en tu cama, buscas tu transporte casi sin alzar la vista, subes al vehículo y recién los ves, levantas la mirada y ahí están, poderosos, rodeados de nubes bajas, verde jaspeado e intenso contra el gris.

Te das cuenta, con un aleteo de narices y un estremecimiento, de que te has enamorado del otoño, que no hay nada que hacerle, que ya no tiene remedio.

sábado, abril 21, 2007

entre muchas

Entre muchas, variadas, posibles, formas de lectura, creí haber conocido todas:
Aquella de quien espera el metro, el tren, el subte, y continúa a duras penas la lectura, apretado entre otros cuerpos distraídos a su manera, suspendido entre territorios familiares y demandantes, incómodos si cabe.
Aquella lectura diametralmente opuesta: lujuriosa, cercana al tibio sol de la tarde en el diván o espacio mullido favorito, acodado, echado, con el libro en alto y el cuerpo laxo, la mirada absorbida en el papel.
Aquellas intermedias, con sofás, asientos, mesas, lámparas de luz intercediendo.
Aquella acompañada, que se realiza a menudo en voz alta y que nos enamora desde chicos.

La desesperada, donde avistas a cualquier hilera de letras ajena a lo que estás haciendo: una página web abierta mientras haces la limpieza, un periódico en otra mesa del café, las hileras de libros que escaparán para siempre a tu lectura por que existen más de los que puedes aprehender, tú mirándolos, leyendo sus tapas ávido, sufriendo.

Todas. En la tina, en el campo, en el parque, en la mañana, en la noche, al filo de la tarde. Todas.

Y aún, obviaba unam amor, similar a la de leer para esperar(te).

Leer, pues, para sentirme acompañada, para llenar, aquilatar, tu ausencia.

domingo, abril 08, 2007

creatividad vendada

Tengo la creatividad vendada. Como en una mullida pared blanquecina, mi creatividad descansa. Afuera está todo en torbellino: no atino siquiera a precisar los tonos y colores del día a día.

(¿Sabrán disculpar tales imprecisiones?)

Bebo, trabajo, fornico, duermo. Leo poco. La vida es toda un alegre campo de batalla. La literatura espejea, redondeándome, y nadie puede predecir hacia dónde me llevan mis tareas, mis tribulaciones.
Obedezco a un plan, me digo, sin saber si lo que me susurro es lento consuelo o vana excusa.

Y la prosperidad, como una confirmación, toca a mi puerta.

¿Cómo explicarles, entonces, tan feliz, irresoluta, existencia?

martes, marzo 27, 2007

Es probable, sin embargo, que esté ahí

Son las 11, llegué a mi casa temprano y me dedico a rayar discos mientras en el radio suenan diversas páginas de libros que hoy sí llegué a acabar, a besar en el lomo como a las botellas que se desagotan generosas, tras mucho trajín, ajetreo, alegre entrechocar de copas y palabrerío. He llegado temprano, y mis zapatos de bruja del Este se niegan a dejarse encerrar, a guardarse en su cajita de celofán, a dormirse, en suma.

He llegado temprano, y aunque mis ojos se cierran y el jazz parece repetirse sin medida, el cigarrillo muere entre los deditos finos del cenicero con boca de mujer, las paredes retumban y allá afuera las estrellas insistan en afirmar que la noche es joven, y a pesar de todo todo todo esto que alcanzo a recontar y todo aquello que sólo en sueños lograré colocar en las gavetas incorrectas, a pesar del preludio de la noche y de mi cuerpo, que desea bostezar por todas sus bocas, apagarse, re-asumirse al día siguiente, yo estoy despierta y escribiendo.

Noctámbula, aleatoria, apenas consciente del flujo rojo de mis letras, sigo esperando.

(Quizás la señal está imbuida en el hecho de su no llegar, de este silencio adivinado).

Es probable, sin embargo, que esté aquí. Y yo, ocupada en escribir, me abstraiga de percibir por encima de mi hombro a quien me lee, a quien espero. Aquél que se repite en el infinito salto de aguja de mi accidentado entorno.

¿Cómo dormir con esta incertidumbre?

domingo, marzo 18, 2007

Tres escenas para una argumentación

Escena Uno

En las mil noches y una noche, un hombre huye, enajenado, porque ha visto a la muerte y ésta le ha hecho un gesto. Huye para no encontrársela y termina dándose de manos a boca con ella, en un punto muy distante. Cuando, antes de morir, le pregunta por aquél gesto, ella responde: “era un gesto de sorpresa, porque esta noche debía encontrarte aquí, y estabas tan lejos esta mañana”.

Escena Dos

Una mujer fuma y bebe mate frío mientras te lee el tarot. Tú sabes que es buena, y por eso acudes a ella para dilucidar tu futuro. Te mira, sorprendida, y anuncia que si decides vivir en la ciudad X tendrás un hijo y te casarás, pero que si decides mudarte a la ciudad Y viajarás por el mundo. Por azares, te encuentras viviendo entre X y C, sin estar segura entonces de qué toca. Como de la muerte, quizás huir es correr hacia el encuentro que el destino te depara.

Escena Tres

Un ser indeterminado se transmuta en la innumera cantidad de seres determinados que circulan por el mundo. Todos ellos comportan y comparten una parte de energía, una suerte de camino, envolvente y continente, que los dirige a algún lugar. Poco perspicaces, en su mayoría se resisten, y en la resistencia, ceden. Quizás la historia individual sea apenas un pálido reflejo de esta, la historia universal. Roguemos por la lucidez, entonces, a la hora de toparnos con ello...

viernes, marzo 16, 2007

lo que nos une

En la penumbra

Tú no puedes mirarme de lejos

Yo no puedo mirarte de cerca

A cierta distancia, nos imaginamos


Una luz

Muta

Envolvente
Interna

Nos embellece

martes, marzo 13, 2007

Violencias Oblicuas

Una llave se me escapa de entre los dedos, los pliegues de la ropa, los cuadernos.
Tenaz, se las arregla todas las mañanas para desaparecer.
Me odia. Como si fuese yo su carcelera, condenándola a abrir la misma puerta a mi aire, a recorrer los mismos recorridos, cuando todo lo que ella desea es ser libre, una llave sin llavero perdida para el mundo, capaz de contemplarse en el reflejo de las nubes y soñar con otros dedos, otras puertas.

Ha lanzado una maldición contra mí, y de pronto, no sólo la pierdo a ella. (No conforme con que para salir a la calle la busque en el dormitorio, el dormitorio en la casa, la casa en la calle, y que a la calle no llego porque primero la necesito a ella).
Ahora, condenada como estoy, pierdo todo aquello que me comunica: los lentes, el contacto, la dirección, el combustible. La envidio. No sólo es capaz de arrinconarme, desconectarme y tenerme dando vueltas sobre mí misma –remolino incesante de mí en mí- sino que también es capaz de enseñarme, mostrarme mis más asiduos y sólidos errores.

“Excusas”, me dice, burlona, tras pegarme un mordisco cuando la encuentro. “Hay cosas que tienes que perder, lugares a los que no tienes que ir, gente con la que no debes encontrarte”.
“Excusas”, repite, mientras tironea con sus bracitos de llave para apartarse de mi agarre, mi insistente sostenerla. “Son las cosas las que están sujetas por ti, no te quejes, no le digas al lector que son ellas las que te atrapan, te someten, se te hacen necesarias”.

Yo suspiro, cansada de tanta amonestación, y me dedico, otra vez, a ignorarla. Que es justo lo que ahora estoy haciendo.

miércoles, marzo 07, 2007

Es mejor así

Siguen los temerosos

las aguas siniestras

los huracanes de cuervos


Ausente, ajena
yo miro la luna redonda
pido por no dormir sola
Ignoro los signos

Mientras desaparecen las abejas

Me digo,
Es mejor así


(La Paz)

viernes, febrero 23, 2007

un rastro

una huella ligera, detrás de la sombra, allá, adelante. La persigo, presintiéndome, rememorando,

golosa, tropiezo al caminar, me embarga, me subleva, me conduce.


Antes de avanzar, embriagada, sospecho algo.( Nada hay peor que el olor a bienestar añejo.

Aroma a lo que no pudo ser, y no fue. Delicioso por sutil, por imposible).


Me detengo. Instintivamente, reculo, cubro mis sentidos, me contraigo. La herida brilla a mi

costado, pulsa. Lacerante, acicatea mi huída.


Me repito: Sigo viva, por lo que no pudo ser. No voy a olvidarlo.

No obtener mi deseo me ha hecho la que soy. Me sospecho afortunada, y retrocedo.

Abandono

lentamente

tu rastro

(ya he aprendido)

viernes, febrero 16, 2007

The Pillow Book


Sei despierta, el viento vibra sobre su rostro, abre los ojos, recuerda. El jirón de nube, la añoranza por el amado, el crujir de la seda. Sei, toda ella bajo una mampara, se incorpora y febril, alcanza, bajo su mano: papel, tinta molida –mineral- pincel. Traza, impecable, caracteres. Celosía, viento, gota. Inmortal, abre para mí su mundo de ventanas y madera.
Desde la almohada.

sábado, febrero 10, 2007

La costura de la herida

Yo sinceramente creí que las puntadas iban a aguantar, aunque no es en serio. Yo lo vi sangrando sobre la mesa y me dolió el pánico, la ansiedad desesperada. Así que saqué hilo y aguja del bordado de la sala (que no sé tampoco si voy a terminar, o cuándo), sujeté como pude los dos costados de la herida, y le metí aguja. Creo que ni le dolió. Sinceramente, ambos queríamos que el sangrado se detuviera. Y lo hizo. Después, empezó a cicatrizar. Primero yo me equivocaba y traía a colación el tema, pero como se ponía temblar todo poco a poco dejé de hacerlo. En tres años, me mudé a otro país y logré, creí, olvidarlo. Hasta le saqué las puntadas, fíjese. Claro que después, encima, le coloqué barniz del grueso, uno que sólo en momentos muy tibios se desprendía un poquito, pero siempre un trozo, nunca entero. Ahora, que he vuelto, la cicatriz blanca parecía tranquila. Hasta que, es un decir, llegamos a la escena del crimen. Pues nada, tragué en seco y la vi enrojecer, a la herida, temblar entera, y derramar unas gotitas de sangre. Quise huir, antes de que reviente de nuevo, pero me toca permanecer. Y estoy perdida. Heridas y ojos son bocas que nunca mienten.

viernes, febrero 09, 2007

Presentación II

El genial autor de Potosí 1600 y ¡Qué solos se quedan los muertos! (Ramón Rocha Monroy) tuvo a bien presentar este textito en la noche del 7. Por supuesto también tiene blog. Gracias Ramón!

Columna ROSALBITA


BUENA LECHE

Los secretos de Rosalba


Nuevo Milenio presentará hoy "Los secretos de Rosalba", de la escritora tarijeña Mariana Ruiz Romero en el auditorio de Los Tiempos a las 19:30. Un libro doblemente incitante pues se define como un recetario poético.

Incitante al menos para este servidor, a quien el disfrute de la mesa, de la cama, de los sentidos y de la poesía, jamás le fue indiferente.

Comencemos uniendo ambos elementos y tendremos un atributo esencial de la obra: la construcción de una poética en torno al arte de la cocina de una mujer que, al cocinar, se guía por olores, por recuerdos, y nunca mide la proporción de las cosas. Aquí tenemos tres nuevos elementos: esa poética es no sólo coquinaria, sino también femenina, y ronda, husmea, ramonea, rochelea –para rescatar dos palabras añejas—en una zona desaforada, es decir, fuera del fuero de la Razón, esa institutriz inglesa que todos tenemos dentro. Esto debido a que los olores, los recuerdos, la inobservancia del precepto de medir la proporción de las cosas son elementos propios de la intuición, de la premonición, de la corazonada, del pálpito, del sexto sentido, del ritmo y el metrónomo y el diapasón que las mujeres parecen tener alojados lejos de la cabeza, en la zona limítrofe entre el corazón y el sexo, donde hospedan la vida.

Ahora podemos entender la magnitud cósmica de la apelación inicial de la novela: "Rosalba –la protagonista—posee secretos, secretos tan amplios que no cabrían extendidos sobre las llanuras donde cultivamos el té, secretos tan profundos que ni al pie del aljibe podríamos extraerlos. Se hacen visibles, en especial, cuando ella cocina: comer lo que venga de los dedos de Rosalba es casi comparable a rozar los secretos del universo." Estas frases postulan una filosofía femenina del equilibrio, pues mientras los hombres fabrican teorías y praxis sobre la guerra, el poder, el dinero, la política, la geopolítica, la hegemonía, la ciencia, las mujeres creen con todo su ser que el gesto de Rosalba de tomar con los dedos una pizca, un escrúpulo de ají, de ajonjolí o de hojas de eneldo para redondear un sabor es tan importante para el equilibrio del universo como la ley de la gravedad o la energía atómica. A Rosalba que no le vengan con esos frutos amargos o insípidos de la Razón porque de inmediato los corregirá con el ají, ese redentor de sabores, pues redime sabores inciertos o disimula la ausencia de ellos.

Estos elementos hacen que "Los secretos de Rosalba" sean un libro único, pues ha sido escrito en una prosa ceñida, por una mujer en pleno uso de sus sentidos, en homenaje a otra mujer en la plenitud de la sensualidad de la especie, a través de una poética irrepetible, porque contiene esa información genética y cultural que Rosalba y Mariana recibieron de las míticas mujeres de su familia siria, criadas y educadas por y para el disfrute, como querían los viejos poetas y pensadores árabes, que vivían días de vino y rosas, milenios antes de que el Profeta irrumpiera alfanje en mano para imponer una religión de estertores, de inmolaciones y preceptos capitales. Y que Alá me sea leve.

miércoles, febrero 07, 2007

Presentación

Re conocí a Rosalba en un momento muy agradable de mi vida. Juntas supimos aprovechar cada instante, y sabernos unidas nos ayudó a superar cualquier contrariedad, cualquier adversidad que intentara separarnos. Más tarde, luego, lejos en otro país, supe que aquellos momentos compartidos con alguien cercano habían dejado una profunda huella en mí, un rincón donde podía refugiarme con sólo cerrar los ojos. El simple eco de la voz de Rosalba, el aroma que supo darle a mis preparaciones, permaneció en mí, de un modo tal, que ahora soy capaz de transmitírselo a Ustedes.
Rosalba, que es más que un recuerdo y un personaje, (algo mayor incluso a la misma mujer que se esconde tras sus sabores y sus dichos), pretende actuar de catalizador. Rosalba es la puerta por la que supe saborear las tradiciones de mi tierra, y el modo mediante el cual pude ver con ojos nuevos los lazos entre familiares, amigos y amantes, entre todas las personas. Rosalba es mi testimonio de amor y es ese mismo amor el que se filtra a través de cada una de éstas, sus páginas y recetas. Si tengo tiempo, quisiera regalarles una receta inédita, que se me escondió y que quiere pertenecer a este libro (quizás en una segunda edición), motivo para invitarles a recordar a la sopita estrella de mi tierra, la sopa de maní:

Sobre sopas, frutas y estaciones
"Pocas cosas son tan buenas como comer mandarinas mientras el sol tuesta tu piel" me dice Rosalba, y no puedo sino coincidir y desperezarme. Es la hora de la siesta, junto a la fragancia cadenciosa de las frutas está el olor seco de las cáscaras de maní. Es el otoño, el sol apenas alcanza a regalar tibieza y nosotras vamos pelando el maní crudo para la sopa del día siguiente. "Naturalmente" me cuenta Rosalba "el maní es un producto adaptado a estas tierras, como son adaptadas las recetas españolas o francesas que conforman nuestra cocina. La mezcla de recetas y productos es la bendición gracias a la cual cada lugar posee una esencia propia. Aquí, en las recetas de avellanas y almendras interpusimos los maníes y las almendras del Beni, a las liebres las cambiamos por cuises –conejitos de la india- a los condimentos europeos añadimos los nuestros, por sobretodo el ají en vaina, colorado o amarillo. Y aquí" me dice, mientras me alcanza otra mandarina, con un gesto grácil, la blancura de sus dedos contrastando el verde de la cáscara "descubrieron nuestras frutas…" Pobres de espíritu los que suponen que en el mundo hay sólo una variedad de cada cosa: un solo tipo de arroz, una sola especie de papa. Mis ojos recorren mentalmente las coloridas pirámides de fruta que esta mañana vimos en el mercado, mi boca paladea el nombre de sus frutos: banana; plátano-manzana de cáscara roja; guineo; dulce cajita, el más pequeño y dulce de todos; papaya; sandía; ciruelo morado; ciruelo verde y dulzón; damasco; cereza; guinda; tuna; achachairú; chirimoya; carambolo; mandarina; toronja; lima; melón; melón rosado; melón pepino de cáscara a rayas; uva negra y moscatel; nuez fresca; tamarindo; tumbo; durazno frisco; nectarín; caqui; manga rosa; mango; manzana criolla; palta; coco; perita verde; higos; pasas: de uva, de ciruela, de higo; frutillas; frambuesas. La lista podría seguir. Todas frescas, todas apiladas bajo la mirada atenta de quienes te invitan a probar, para comprar luego. De este tipo de abundancia pocos saben en la tierra.

Para la sopa de maní Rosalba prepara un caldo espeso con patas de pollo, cebolla rallada y tomate ídem. Cuando éste ha tomado sabor y consistencia le añade una taza de maní crudo pelado en agua caliente y licuado, y espera con proverbial paciencia a que esté cocido. Casi al final, le añade palillo (cúrcuma) para teñirlo de amarillo y perfumarlo, y da un hervor a papas y zanahorias cortadas en bastones en el mismo caldo. Algunos deciden obviar el palillo y tostar fideo para que la sopa sea blanca pero no menos sabrosa, otros además le añaden arroz. Es plato apto para todo tipo de estación, se sirve espolvoreado de crocantes y diminutas papas fritas y acompaña bien cualquier almuerzo. La sopa, como las frutas, varía de estación a estación, pero es infaltable en cada mesa: redondea y completa el"segundo" o plato fuerte, prepara los estómagos y caldea los corazones. Un almuerzo sin sopa es para muchos, entre los que me incluyo, la triste sensación de que ese día las cosas van apresuradas, y el vacío que implica a la hora del condumio sólo puede compararse a la ausencia de un ser querido, tan necesaria es su presencia y acompañamiento.

lunes, febrero 05, 2007

avergonzada

Adentro estoy negra, negra, hecha
de gritos
Quiero llorar lágrimas de fuego
Lavarme toda
Olvidarme

Borrar el temblor de mi voz, (si te hablo)
El temor de mis ojos, (si te miro)

Aún
llena de amor

Y avergonzada.

miércoles, enero 31, 2007

Invitación Cochabamba

Presentación de Los secretos de Rosalba

Presentación del libro Los secretos de Rosalba (Editorial Nuevo Milenio, 2007)

El miércoles 7 de febrero del 2007, Nuevo Milenio presenta el libro Los secretos de Rosalba de Mariana Ruiz Romero (Tarija, 1982), en el auditorio de Los Tiempos, Plaza Quintanilla, a las 7:30. Los secretos de Rosalba plantea al lector una novedosa combinación de literatura y culinaria, campos que, en apariencia, no llegan a ser complementarios. Se trata de una colección de cuentos y recetas que funcionan a guisa de “recetario poético”. En palabras de la autora, tal recetario implicaría “un deleite y una elección, un bocado literario y una receta a preparar, algo a ser anticipado, leído y degustado”.

Ramón Rocha Monroy, premio Alfaguara, destaca a propósito de Los secretos de Rosalba: “Las frases de Rosalba y la actitud de la narradora que escucha son lánguidas y desmayadas, como los sueños eróticos de las mujeres bellas suelen contarse mientras se acarician como gatas en celo…“Cucina amore”, la cocina es amor, parece decir cada una de las páginas de este libro que construye su poética desde una sensibilidad maravillosamente femenina”.



domingo, enero 28, 2007

hay nardos en el piso


Hay nardos en el piso. Cuando entras lo primero que ves son sus formas blancas, bulbosas, y ahí te golpea, el olor, el poderoso perfume de los nardos en el piso. Por un momento parpadeas y los nardos se multiplican, se hacen más grandes a medida que el olor invade tus fosas nasales, y a ellos, a los que tiemblan, pesados, en el piso, empiezas a añadir todos los nardos que alguna vez contemplaste y percibiste, con la nariz y con el ojo, con los dedos y la piel sedosa de los brazos, mientras los cargabas, en ramos enormes y frescos, desde el mercado de colores hasta tu casa, saludando a la gente, esmerada en no soltar el abrazo de los nardos, de transportarlos, cuidadosamente, de no dejar ninguno en el camino. Recuerdas, como en un espejismo, los floreros, jarrones y vasos largos donde supiste colocar los nardos, tras limpiar los tallos y cambiar o llenar de agua el recipiente, excusa-base para ellos, los nardos, que procurabas tener cercanos a la nariz para que el mundo se poblara de sus blancos pétalos, las caras de quienes te apreciaban transportándolos apenas un resabio del transcurso luminoso entre el balde de donde los compraste y tu casa, los nardos, siendo transportados mientras gritaban su perfume, avisando con su rastro que eran transgredidos, movidos aleatoriamente, desde su pasado simple de campo y nardo todo uno, hasta ahora, hasta el florero base, excusa apenas para mostrar al señor y dueño de la situación, el nardo que no se deja derrotar por tanto trajín y correteo y se yergue desafiante, el perfume al viento, los pétalos aún tersos, a pesar de los días inmóviles, al sol, a la sombra, escuchando tanta alabanza contenida, defendido detrás de su perfume. Al final, aunque no impotente, se deja, decae, descienden sus capullos erguidos, los pétalos aún blancos, el perfume más pungente si cabe todavía, el decaimiento feroz en lucha de aroma a nardo, y la batalla se va perdiendo, van capitulando las cabezas de nardo, se tiran kamikazes al piso, se magullan, los pétalos ya no tan lisos, el perfume aún presente, recordándote desde la puerta que el florero de la izquierda tiene nardos, que hay nardos, que los nardos existen, en el piso, que hay que volver, reemplazarlos, comenzar todo de nuevo.

sábado, enero 20, 2007

Gris

Gris

Blanco no es la palabra, es más bien una especie de difuminado lleno, envolvente, que reemplaza y rellena los colores que inundan la vista, tampoco es horizontal ni curvilíneo, es, y nos rodea.

Gris

Abajo, verde. Tipos de verde: verde musgo, verde paja, verde barro, verde amarillo, verde gris, verde-ver, verdes que se elevan y se funden. Triangulo, cuadrado, barro, rectángulo negro. Enormes líneas verticales marrones. Líneas negras apenas interrumpidas por manchitas cada cierto trecho. Amarillo (importante, todo sigue envuelto en esa especie de gris lechoso que ilumina y abrillanta) y marrón. Rojo por pedazos irregulares. Celestes y grises compactos. El conjunto en general da una sensación verde y amarilla.

Y gris.

No hay nadie más que nosotros, embebidos en el paisaje. Manchones amorfos, dubitativos, que avanzan a paso de tortuga.

Seguimos caminando. Una corriente marrón nos obliga a quitarnos los zapatos. A la izquierda manchas blancas sobrevuelan una extensa superficie de azul acerado y líquido y sí, también, gris.

Pronto se hará de noche, el gris paulatinamente envolviéndose en azul turquesa y luego en negro. Nosotros seguiremos caminando, adivinando manchas sobre manchas, atentos a los trozos blancos que como en un sueño indican el camino, el piso, la pisada.

Amarillo, circular y brillante. Negro. Figura negra sobre negro.

Albergue. Lluvia, velas, ratones, goteras, manchas enormes de barro sobre las maderas.


Mañana, también gris. Y camino.

Pero esa es otra historia.

jueves, enero 18, 2007

Primer bebé: Los secretos de Rosalba


Bueh, aquí está. Nació como un homenaje a una mujer, y está hecho con todo el amor del que soy capaz. Hay una reseña disponible en Editorial Nuevo Milenio y en Los Tiempos. Ya les iré contando en qué librerías está disponible, por lo pronto sé que Los amigos del libro en Cochabamba ya lo tendrán.


Y claro, salud!!

jueves, enero 11, 2007

concurso mascota boliviana

Se trata de encontrar, crear, inventar, una mascota para la nación y cada uno de los 9 departamentos.

Las bases están disponibles aquí

jueves, enero 04, 2007

en el limbo

En el limbo, un hombre sueña una mujer. La sueña entera, fulgente, dormida.
La sueña soñándolo.

miércoles, diciembre 27, 2006

recuerdos incluídos

Tengo que irme. No estoy donde debería estar y la urgencia de partir me remueve entera. Escribo, porque-no-queda-más-que-escribir, porque-no-sabría-hacer-otra-cosa, antes de mandarme a mudar, de hacerme aire, de huir con mi nombre y mi piel a cuestas. Es tan lindo estar en otra parte, ser una desconocida de pelo negro y ojos distraídos. Sonreír y pensar, ah, nadie sabe a quién me parezco cuando sonrío, ni quienes son mis padres. Nadie sospecha con quien duermo abrazada, ni se lo inventa si no sabe. A nadie, y este es el alivio más profundo, le afecta mi soledad, mis cambios de humor, mis desalientos. Puedo, sin chistar ni ofrecer explicaciones, desnudarme en una plaza, besar las esquinas de sombra, bailar al son de música en balcones. Puedo atracarme de galletas, no comer una semana, beber sólo agua y no doblar mis pantalones por la línea del medio. Puedo puedo puedo. Y este sol, y cielo azul, y ésta cerveza fría, no alcanzan a convencerme de lo contrario. Todos ellos, diferentes, se pueden hallar en otras partes, los dioses saben que lo particular es universal, sólo que está en un lugar distinto al anterior. Así, disfrazada, parto pronto. Las faldas recogidas, los senos escondidos, temprano una mañana. Aunque mi pasado me persiga, da lo mismo. Toda forastera lleva a cuestas lo suyo. Recuerdos incluídos.

miércoles, diciembre 20, 2006

tablas de náufrago

Tablas de salvación.

Manotazos cuando el aire se torna irrespirable.

(la honda inhalación de los otros mundos)

Letras en horizontal

¿Quién no tiene una manera secreta de salvarse del abismo?

Cuidadosamente, al azar

Pequeños parapetos

Objetos de cábala

En contra del destino

De días y noches sucesorias

Nuestras armas

Nuestro oficio

(resignados a nuestras propias invenciones, vivimos)

Tras los objetos, a la espera de la muerte

En los objetos, escondidos de la vida.

sábado, diciembre 16, 2006

saberse

¿Dónde, exactamente, se sitúa en nosotros la emoción? ¿En qué parte de mis talones, la avaricia? ¿Dónde en el estómago, la tristeza? Mis costillas podrían ser el espacio que escoge la alegría, para presentarse. Mis orejas, quizá, dibujan en sus arcos los recovecos de mi fidelidad. ¿Dónde, amor, sientes que me extrañas? ¿En tus riñones, en tu entrepierna, entre tus dos brazos, ahí, donde reposaba mi cabeza? ¿Dónde, madre, me recuerdas? El cuerpo, manifiesta y escoge, epitomiza y susurra, adentro suyo, todo lo que es, percibe, opina. En mi piel están mis temblores, en mis costados, mis afectos, en mis piernas, el apego voluble que siento por la realidad. Pero no toda manifestación es evidente. Aún desconozco qué hace mi estómago para licuar mi rabia, porqué mi espalda gime a veces, qué quieren decir los lunares de mis brazos. Aún no sé leerme toda. ¿Quién puede sentirse sabio, si no sabe, todavía, leerse? ¿Quién, verdaderamente, enterado?

miércoles, diciembre 13, 2006

Descansan

En sus sueños no se disculpan

No se arrepienten

No extrañana a nadie

En sus ojos vela la noche

En sus oidos arrulla el silencio

Su manto no es pesado, es invisible

(La existencia puede seguir
ya no importa)

Descansan, su nuca en toda la tierra que está debajo

También de nosotros

(Santa Fe)

sábado, diciembre 09, 2006

octubre

Se da la vuelta, y es como si acabara de aterrizar, los brazos húmedos de aire, descendiendo hacia sus costados, los pies recién posados en el suelo, la mirada ausente, de quien aún no se sabe en tierra. Me mira, y en su mirar comprendo está todo el paisaje, yo un elemento más, me mira y siento diluirme entre las paredes de la casa, la verja de hierro, los perros durmiendo. “Es tarde” le digo, tratando de sonar normal desde mi pegajoso entorno, ya no única sino mezclada a todo, como su mirada me ve. “Deberíamos tomar algo” le digo, “una taza de té, comer alguna cosa”.Ella me escucha silenciosa, la cabeza quieta en mi dirección, como olfateando cuidadosamente mi registro de voz. (Que no huela preocupación, ruego, que no vea más que mis ojos fijos en ella, lejos del acantilado donde parece acabar de posarse, que no se voltee) “Hay tarta de limón, la que te gusta. Y estamos todos esperándote”. Odio su silencio, siento que me escrutina, que desea sacarme toda la intención detrás de mis palabras. Quieta, una ella también con el paisaje, el mensaje al fin golpea su parte consciente, una fracción de segundo más tarde que lo habitual. “Bueno” dice, con la naturalidad más rara. “Vamos”. Cojo su brazo y la siento a mi lado, caminando insegura, su pelo corto dándole un aspecto de muchacho, sus ojos fijos. “Vamos” repito, y soy yo la que se quiere apoyar en ella, seguirla en su silencio, perderme allá donde ella está, viendo lo que ve. Sin llorar, entramos a la casa.

jueves, noviembre 30, 2006

confesiones de noche, luna creciente y vino menguante

Una escribe un cuento y el momento de su compleción es similar al de la presentación de un plato culinario. El plato tibio, la salsa cuidadosamente dispuesta, la pieza principal al centro, el remate de hierbas airosamente sobre la guarnición de turno. Una escribe un cuento, e inmediatamente quiere convidárselo a todo el mundo: presentarlo y servirlo, todavía tibio, todavía emitiendo su fragancia. Al par de días, sin embargo, el recuerdo de su prosa se hace borroso. Una se llena de dudas, como cuando nos asalta la pregunta de si la salsa de ese plato pasado ligó como debía. Si se abre el refrigerador del recuerdo, el resultado es nefasto. Ninguna confección aguanta, por principio, más de cuatro días. La salsa pierde su color original, la pieza apesta. En el caso del relato, el proceso es idéntico. Los detalles son superfluos, la ilación resulta pobre. Asqueada, dan ganas de tirarlo todo, soporte incluido. Es en ese momento cuando irrumpen los amigos, a detenerte. Que el plato estuvo bien, que en su momento la salsa cuajó con el acompañamiento, que la sensación despertada fue gratificante. Y una no les cree, no puede creerles. Pero, y en esto radica la salvación, para no decepcionarles, no se arrojan los restos visibles de la obra. Una los congela, los entierra en un lugar alejado de la vista y el olfato. Guarda, por así decir, la receta (Aunque esto no es correcto, un cuento nunca, nunca, se hace siguiendo con receta, más bien es el fósil del cuento lo que se preserva).

A veces, una los des-destierra, los atrae hacia sí de nuevo, probando otra vez –jugando a ser ajena al preparado- los sabores y tonos del constructo. Si pasa, si una puede tragar, sin soltar una lágrima, si se digiere, una se reconcilia. No siempre es el caso. A veces la degustación es insalubre, deja un regusto terrible a innecesario. A ésos, como al plato rancio que supo permanecer mejor en el recuerdo, lo mejor es tirarlos. Por el bien de todos, vale arrojar ciertas creaciones a la basura.

Sólo así, el alma ligeramente aliviada, puede una ensayar de nuevo, apilando en alacenas oscuras lo que el tiempo dirá si supieron ser preparaciones, acaso felices, o testimonios semi-amargos del acierto o el fracaso.

viernes, noviembre 24, 2006

vacíos que se resisten a ser llenados

Una mujer desnuda se trepa a un vaso de licor, su sexo diminuto se ve agigantado a través del vidrio. Morena, la cabellera al viento, sus piernas extendidas rodean el vaso, sus brazos presionándolo, lentamente asciende hasta el borde. El vaso es pequeño, ancho de base y amplio de copa, no es sencilla su tarea pero ella persiste, asciende. Misteriosa ¿Porqué asciende por el vaso de licor? ¿Qué busca? Acaso desea ahogarse. Saltar como en una piscina, hundirse, dejarse llevar y ser bebida. Acaso busca diluirse. Como una gota que es llorada por el cielo y va hasta el mar. La mujer ignora mis preguntas y continúa, ya está por llegar, se impulsa y salta, como una rana de piel clara a un pozo oscuro. Es efervescente, y produce espuma en su caída. Se hunde, vuelve a salir, sobrenada, juega con el líquido. No sé si bebérmela ¿Quién soy yo para consumir mujeres de botella? Exacto, no soy nadie. Aún así lo hago, y sus pies son lo último que paladea mi garganta, sobre mi lengua siento sus dedos diminutos, su cabellera, la trago entera, y extiendo el brazo para que otros escancien lo que sea. Otra mujer se materializa por el vaso -a estas alturas ya son líneas sucesivas de mujeres- y al devorarlas apenas siento el leve crujir de sus rodillas. Ay, suicidas, ¿Quién soy yo para negarme a consumirlas? Exacto, no soy nadie, y por eso brindo con vosotras.

lunes, noviembre 20, 2006

Murakami me saluda

Murakami me saluda, deferente, estoy paseando cerca de un lago y él anda en bicicleta. Acabo de dejar a Rosalba sonriendo, chispeante como su inteligencia, la boca roja, los aretes largos, la pose atenta, sé que estará bien y cómoda centre los otros escritores, Rosalba es así. Yo no estoy cómoda, y por eso he decidido salir a tomar el fresco. Murakami está de acuerdo conmigo. Puesto que no se decide aún a entrar, desciende de la bicicleta y se dispone a acompañarme. Así, agarrados ambos del manubrio, conversamos. Nada en especial cruza nuestras bocas: el clima, los otros escritores, la anfitriona. Siento que le agrado, y eso me llena de orgullo, como si la química entre dos personas fuera indicador de la calidad de sus escritos. Al despertar, busco a Kafka on The Shore y empiezo a leerlo. No me equivoco, los sueños como el que tuve sobre él, son para Murakami de una importancia enorme. Alejados de la casualidad, no nos separan los unos de los otros. Me abandono a su manera de observar el universo, y siento que es correcta, adentro.

Camino detrás de mi madre por el mercado, las bolsas con distintos productos se apilan a mi alrededor. Primero están los pollitos, apiñados y piando en una cerca pequeña al lado de la entrada. Luego están los camiones de papa, después los cereales y ajíes, el queso está antes de lo de las verduleras. Tomate, berenjena, cebolla, lechuga, todos compiten por atraer el color hacia sí. Antes de entrar al galpón de la carne –donde los huevos se encumbran en cartones detrás de las gallinas desplumadas y los corderos colgando de los ganchos- están los curanderos. Hierbas, canelas de 12 vueltas, conchas de algún mar, imanes con sexos diferenciados. Después, por fin, en la otra entrada, las flores. Lilas, amarillas, blancas, rosas, y moteadas. Rojas y liláceas. Dejo que mis sentidos se ahoguen en la luz de las telas y los pétalos. Invariablemente detrás de las faldas de mi madre, cargo ramos y me detengo cerca de los panes. Si mi abuela se cruza con alguna anciana conocida, le regalo una sonrisa y me alejo, antes de que se sorprenda por cuánto he crecido. Amo este lugar, y me figuro que marca mi relación con lo que me alimenta, “la vida es este mercado” le explico, “transformada, dentro mío, soy la que consume las miradas y los objetos aquí presentes, para ser”.

Murakami parece no estar de acuerdo. Vivamente le explico las delicias de este espejismo, pero él se limita a observarme. Es mi sueño, después de todo, y él no puede penetrarlo sin hacerme daño. Me esfuerzo en vano, quizás. De todos modos, japonés hasta el fin, agradece nuestra conversación y estas imágenes.
Se retira luego, y va hacia la casa donde está Rosalba. “Lo encontraré de nuevo”, me consuelo, y agito mi mano en señal de despedida.

martes, noviembre 07, 2006

tiempo de mudar

Un ratón duerme abrigado entre mi ropa. Cuando abro el cajón, salta desesperado y se escurre hacia la cocina. Todos sabemos lo que eso significa: es tiempo de mudanza. Pronto las macetas de mi madre se apiñaran junto a mis cajas de libros, y partiremos sin mirar atrás. Tenemos miedo, pero, como el ratón, más tememos esperar a que los eventos nos alcancen.
Miro mi rostro en el espejo, y sé que no es el mismo. Aún, sin embargo, no lo reconozco como el que será (así pasa siempre, cuando todo alrededor cambia).
No soy la única en partir. Hace días que pergeño y borroneo cartas de despedida para aquél que se me va. Como mi rostro, las líneas son indecisas, y tú no recibes nada.
Acepta esta disculpa. Cuando vuelva de la bruma sabré decir y desdecir aquello que deba ser pronunciado, si retorno

martes, octubre 31, 2006

a dream

Un hombre me busca sin saber porqué me busca.

Una mujer me abraza intentando no soñar por mí.

Otros rostros, múltiples, borrosos, casi sin prestar atención, me miran o sonríen.

Lenta, no puedo saber exactamente qué es el tiempo. Agua de minutos, dejo pasar las horas y los libros.

A ratos estoy viva.

Gracias por haberme permitido soñar contigo. Un sueño de ti, de nos, de mañana.

Eso me ha traído hasta hoy, dispuesta, abierta, flotante.

El resto tampoco es real...

jueves, octubre 19, 2006

ella se ha ido

Desespero, en su hogar, acecha. Busca encontrarnos, a veces para siempre. Su casa está compuesta de espejos, niebla y ratas. Allí Ella, pesada, desnuda, con grandes mamas flojas, camina, observándonos, acompañándonos. Mirarle la cara a Desespero es siempre como mirar al propio rostro, pero con la sorpresa de encontrarnos extraños a nosotros mismos. Febril o vacua, nuestra mirada, cuando Desespero está cerca, no parece nuestra.

Ayer, esto quiere decir, antes, hace mucho, aunque recién me doy cuenta, Desespero me abandonó. Una ligereza inusitada, un sentir huecos mis huesos, gallardos mis pasos, me lo vino anunciando. Pero no fue hasta que encontré mi propio rostro en el espejo, que lo supe. Desespero se ha ido. Y una enorme necesidad de llorar abrazada a las mantas mientras llueve afuera se me vino encima. Un sueño enorme, relajadísimo, me invadió los ojos. Puedo volver a pretender estar triste, mientras las mantas tibias me rodean, mientras la lluvia tibia me protege. Como antes.

Igual, abandonar a Desespero es extraño. Tu rostro, luego de haber permanecido tan ajeno, es similar al rostro de alguien amado, perdido y vuelto a encontrar. Su hallazgo está presente en cada mueca, en cada línea. Ni a él, ni a mi piel, que sola ruega a por sol y brisa y helados, como un cachorrito humano, he sabido mirar con la debida atención, con el debido cuidado.

Hoy, la necesidad de descansar no contempla en ningún resquicio dormir. (Desespero, sentada sobre mi pecho, se encargaba de hacerme padecer el sueño). Hoy, la necesidad de vida me tiene caminando, temerosa, buscando el afuera. Sigo preguntándome si mis pasos son firmes. Y esa sola pregunta ocupa mi cabeza, sin necesidad de futuro ni pasado, esa sola inquietud avanza con mi día, ansiando tan sólo este presente. Hoy, Desespero se ha ido, y yo puedo avanzar conmigo misma.

viernes, octubre 13, 2006

pretendidamente ajena

Una miríada de pequeños corpúsculos en tregua con mi cuerpo, eso soy yo. No puedo pretender ser otra cosa: sola de piel, humores y vacíos.

No tengo, en ningún recodo, vacíos.

En mi vientre pululan legiones, en mi sexo brigadas, en mis conductos trillones. Números-infinitos-de-vida-ínfima/ Sagaces-crustáceos-de-mis-retinas/
Valientes-protectores-de-mi-gobierno. ¿Qué soy yo sin los etéreos que detentan mi equilibrio?
¿Quién, sino la informe amalgama de éstos, miles de seres?

Una y trina, si tres es símbolo para lo incontable. Una y muchas, si he de creer a mi otra-yo, la que aparece con las fiebres. Una y todas, completa en mí, con los que hay adentro mío, todo apenas cierto, todo apenas sujeto a creer que en algún lugar los límites se corresponden a aquellos que trazan mis sentidos.

Yo, constelación absurda, bordeada de mi piel, separada del resto. Yo, Gota de Universo ¿inmersa, quizá, en otro, Vastísimo, Universo? Yo, también en tregua con el todo que me engloba. También, como ellos, pretendidamente ajena.

jueves, octubre 05, 2006

para

Sentada sobre barro, mi madre levanta
Un hombre de barro
Para adorarlo

Ojos ciegos como perlas
Pies perfectos
Viril
Se eleva

Mi príncipe de alabastro no sabe elevarse
Cabe perfecto en mi abrazo
Duerme, no sabe prometer, descansa
Es mío hasta el asombro
Puebla mis mañanas
Canta

Recostada sobre mármol
modelo
Un niño de mármol
Para

jueves, septiembre 28, 2006

Prácticas amatorias

Para E.

Un hombre burbuja posee un ciclo de vida efímero. Nacido de una pastilla de jabón, pervive desde las primeras gotas tibias hasta el final de un baño en la tina, esto es, de media hora hasta tres, dependiendo de la resistencia y desempeño del espécimen. Irisado, turgente, múltiple, despliega inmediatamente su perfume, para demarcar su territorio. Luego, se extiende por toda la superficie, contorneando los muslos y los senos de aquella que lo ha criado, delicadamente, en noches de deseo y confección.
Su ciclo sexual es por demás breve, aunque para él implica consumir la mayor parte de su existencia. Una vez localizado el útero y los labios, construye una pared. Es muy difícil para el hombre burbuja construir esta pared. Sus muros son frágiles, y debe esperar, pacientemente, para apilarse y parapetarse, hasta abrazar y rodear a su objetivo. La recipiente, cruel y divertida, experimenta esta agónica pelea por la vida del hombre burbuja como un leve cosquilleo, una agradable sensación preparatoria. Cuando el hombre burbuja logra ingresar, rozar las carnosas murallas con las suyas propias, en fricción, lucha y permisión, estalla. Goza al estallar, y goza aquella que lo presiente dentro. El éxtasis se eleva como una marea de espuma, abandonándolos lánguidos, a la tibieza de la compleción. Húmeda, ella al final se levanta -los restos del hombre burbuja esparcidos por su cuerpo como otras tantas escamas- y, la piel reluciente, los ojos vacuos, se aboca al resto de sus tareas. Sin embargo, la emergencia y lucha del hombre burbuja no pasan en vano. En su interior, ella comienza a materializar al próximo, a transubstanciarlo. Pronto surgirá otra pastilla de jabón, suave y cálida, cerca del aparador de la hembra. Y la naturaleza seguirá su curso.

domingo, septiembre 24, 2006

ella

Los grillos, con su chirriar de conservatorio. Las aceras, los pétalos, las gotas, los océanos. La felicidad lenta de ir acomodando las canciones a la vida. El amor, las pastillas de chocolate, los colores de uñas, las mariposas, el sexo, las películas. El atardecer cantándole al vino bajo una parra. Las muecas, los besos, las lágrimas de asombro y de felicidad. Las otras lágrimas. Las palabras natalicio, convexo, extraordinario, subte y roto. Los ojos de quienes se quieren. Las embarazadas acarreando distraídas sus hijitos a casette. Los perros despeinados y los gatos gordos. Las pelotas de fútbol. Las brisas. La certeza incontestable de que el frío no está más para quedarse. Las tristezas de dos minutos 40 segundos.
La primavera, por todas partes.
La primavera.

lo que necesitamos

Tengo una salamandra viviendo en mi estufa. El diccionario me dice que es un batracio urodelo parecido al lagarto, de piel lisa de color negro intenso con manchas amarillas simétricas. Especie de estufa de combustión lenta. La red me dice que es el espíritu del fuego y por lo general se la representa envuelta en llamaradas, lanzando fuego. La salamandra tiene la sangre tan fría que las llamas no la dañan en absoluto. O sea, una combinación de las dos anteriores.

Naranja a la llama azul de mis inviernos –con manchas negras y ojitos vivaces- gris en el calor de mis veranos, a veces hace ruido y me molesta, como una mísera ratita atrapada en mi alacena. Y sin embargo, se trata de mi salamandra, resguardada en mi estufita de tiro balanceado. Sospecho que se coló una noche de luna y tibieza, allá por el 2004. Las ciudades, como a todo, se estaban comiendo su terreno. Ya casi no hay fuegos de combustión perenne donde guarecerse, ni fogatas espontáneas.

Así que mi salamandra se limita a estarse quieta, en la mísera llamita que, por piedad, escojo no apagar cuando el frío cesa. ¿Cuántos años puede una salamandra sobrevivir en estas condiciones? ¿Dónde y cómo debería liberarla? ¿Es acaso posible, liberarla?

Temo que se sienta sola, su sexo minúsculo vacío de esperanza, ya que la posibilidad de un salamandro en el edificio, en la ciudad, es remota. Y por eso, cuando la escucho moverse, ahí en la llamita, pido por ella y su futuro. Necesitamos de todos los seres en la tierra.

Pombo es mi nuevo chocolate



jueves, septiembre 21, 2006

el azar de las ciudades

Pasan por mi ventana, una tras otra. No puedo decir, como Marco Polo “ellas son así y no de otra manera”, no puedo describirlas. Impávidas, podrían no existir. Podría yo pasar a través de un túnel oscuro, y ellas deslizarse sin complejas maquinarias atravesándoseles.
Pronto será así: yo deslizándome de un punto a otro, para salir sin más a donde me digo, quiero estar. (El azar de las ciudades perdido para siempre). Sin sospecharlas, sin olerlas, sin ver sus nombres pasar como manchas en la niebla. Vacía de ellas…¿ qué interés posible podrá deparar un viaje?

jueves, septiembre 14, 2006

conjuro a por la gracia

Tomo una lapicera de tinta roja y temblorosamente, comienzo la lista de defectos de mi padre. No lo hago de manera ennumerativa, ni me ensaño en los detalles. Me limito a escribir todo lo que deseé que él fuera, en términos de carácter, de atención, de comprensión y de integridad. No quiero obviar ninguna posibilidad, ningún mito, ninguna imagen ensalzada e imposible. No es larga -al final- la tinta corre en líneas breves y yo suspiro, caminando, mientras busco un buen lugar para enterrarla.

Mientras cavo con mis manos, recuerdo, todas las imágenes brillantes, todas las ansias, todas las alegrías. También recuerdo la tradición del grito, que se esconde bajo tierra, y así salva a quien lo esgrime en contra de su propio silencio. ‘Esto es lo que va a liberarme de la tristeza’ me digo ‘este es el primer paso en contra de la pesadez, del desencanto’.

Luego, aliviada, confecciono una lista de los detalles que hacen a mi padre. Atuendos, manías, errores, virtudes. Todo lo que mi mano, las uñas sucias de tierra, puede conjurar para elevar una imagen veraz, absoluta, real, de mi padre. Y mirándola, lento, hago una reverencia.

Te debo la vida, papá. Todo eso, y nada más.

Nada más.

martes, septiembre 12, 2006

lejos del paraiso

“Todos conocemos el árbol del Bien y del Mal, aunque, como en toda leyenda, tendemos a considerar como metáforas y simbología a esas antiguas y útiles descripciones realistas.
Verdaderamente, gustar del fruto del bien y del mal debió entenderse como exactamente eso: lograr el discernimiento orgánico de las cosas correctas y el orden correcto. Lo que entendimos mal fue el asunto de la serpiente: en realidad, el árbol mismo fue quien convenció a Eva de probarlo. La mismísima Docta Medicina, aún cuando ostenta un “árbol del saber” con dos serpientes a los costados en cada membrete e institución, no llega a entender el exacto significado de ese dibujo del Saber.
En fin, que el árbol del Saber tenga escamas y hable, no debería sorprender a nadie. Eso es lo que yo digo: que sangre al ser cortado, que engendre frutos de naturaleza iluminadora, que hable o que se mueva, que argumente o se desplace, no es más que una posibilidad más dentro de las perfectas posibilidades de lo Eterno. Además, otros árboles caminantes y sentientes han sabido ser registrados por los siempre despistados humanos. Aunque se da por supuesto que cualquier cosa que no se adapte al común tiende a pasar desapercibida. Apuesto a que ni siquiera sabeís qué facultades poseen los hierbajos de vuestro propio patio trasero. No se puede esperar mucho de quienes adoran a sus mascotas desde hace milenios y hasta ahora no saben qué quiere decir ‘guau’.
A lo que iba: tengo en mi casa un pequeño matorral del Discernimiento. Su existencia ha sido muy breve, no debe estar ahí más de cien años, lo que le hace un bebé de pecho en comparación a sus hermanos mayores. Brilla como el cuarzo, puesto que también posee algo el reino mineral, y supo camuflarse bastante bien hasta que las primeras hojas-iguana comenzaron a brotarle. Estas hojas son los primeros asomos del Árbol a la realidad circundante. Se pegan a todo, y con sus grandes ojos observan y transmiten al tronco todo lo que alcanzan a ver. Si se alejan mucho de él y no encuentran agua, rápidamente se secan y mueren, para luego ser dispersadas po el viento con el resto del follaje.
Una de ellas cayó sobre la punta de mi bota, hace un tiempo. Alcancé a verla sacudirse antes de que se secara y, hombre atento a lo Ordinario como me vanaglorio de ser, decidí investigar su origen en el acto. Siguiendo la estela de hojas-iguana no tardé mucho en vislumbrarlo. El Árbol se movía detrás de un antiguo seto que ha pertenecido a mi familia por generaciones. Como también soy educado, le saludé en voz alta y le insté a que se detuviera, para poder entretenernos con un poco de conversación. Veréis, el Árbol del Bien y del Mal es un poco suspicaz, pero su curiosidad puede más que su prudencia. Sin más preámbulo, agitó sus flores-labios en señal de reconocimiento, y emitió un silbido musical con ellos. Lo primero que hice fue empezar con un consejo, como signo de buena voluntad por mi parte: ‘Tus hojas-iguana empezarán a llamar la atención tarde o temprano’, le advertí, ‘puedo ver que estás curioso por el entorno que te rodea, pero los tiempos han cambiado mucho, los últimos cientos de años’.
Se podía ver que el Árbol me presentía con exactitud, y que estaba atento a mis palabras. Sin embargo, el hecho de saberlo todo respecto del Bien y del Mal no implicaba que el joven tronco hubiese experimentado la variada gama de emociones que conlleva ejercer tal conocimiento. Veréis, su castigo fue precisamente no ser expulsado, y está condenado –en general- a quedarse confinado a un rincón de la Tierra nada más. El pacto que logró ejercer con mis Antepasados Primeros, a espaldas del Creador, tal vez, fue que ellos vendrían a depositar a su sombra las experiencias habidas. Algunos pueblos han sabido mantener la costumbre mejor que otros, y aún se reúnen a cotillear bajo su sombra. Otros, más egoístas y desatentos, andan por ahí con sus barrigas llenas de experiencias atoradas, guardando todo para sí mismos. En cuanto a mi linaje, ya os lo dije, sabemos mantener las maneras, y las promesas, por generaciones.
Luego de una larga conversación, el Árbol me indicó que deseaba marcharse. Yo, a mi vez, me encontraba cansado y decidí retirarme, no sin agradecerle sinceramente su compañía. Esperaba verle una vez más, aunque se dice que todo hombre tiene sólo una chance para hacerlo en esta vida. Bastante sé yo de estas cosas, lo cierto es que charlar con el Árbol del Conocimiento te da una buena perspectiva.
Aún así, tal visión es intransferible y no se porqué pierdo el tiempo al intentar transmitirosla. Quizás se deba a que mis viejos huesos ya no son los de antes, aunque mi espíritu se mantenga joven. Era un buen Árbol, y aún doy una vuelta por el seto, a la vera del Bosque Viejo, esperando verle. Sí, es verdad, hacéis bien en señalarme que la esperanza no es una forma del discernimiento, pero, qué queréis, es lo que a fin de cuentas nos impulsa a caminar aquí afuera, lejos del Paraíso".

sábado, septiembre 09, 2006

ellas desean

50 años y un cuerpo espectacular, ningún novio oficial, el miedo de la familia es que la viuda llame a un hombre casado, su miedo es aburrirse sola.

40 años y un espíritu incansable, su novio es un hombre diez años menor, el miedo del ex marido es que ella esté mejor sin él, su miedo es no confiar nunca más en ninguno.

30 años y el mismo rincón se enciende cuando la miras por más de un minuto, casada y separada, el miedo de él es que la deje, su miedo es no poder hacerlo.

Todas todas ellas tuvieron 20 años, ganas de tener hijos, ganas de tener historias, ansias de tener carreras.

Todas aseguran que ellos sólo saben detenerte y enredar temiendo.

Y yo sólo sé que no quiero eso. Conciliadora, imprudente, loca, deseo.

Que no por ser así quedemos mancas de mundo masculino, que no por no querer o querer demás queden ustedes sin mundo femenino.

Sin alguien que, al despertar, cada única mañana, sepa de la inmensa suerte de tenerte, y viceversa.

domingo, septiembre 03, 2006

de la casa amarilla

Te amé en la penumbra azul, tras paredes amarillas.
Con toda el alma y cada-escama-de-mi-cuerpo

Te fuiste, y yo persigo

el susurro de pasos,
el murmullo de risas,
sola al sol, adentro

apacible, entre las sombras, una nostalgia, desaforada, pequeña, encuentro

Esto es mío,
de la casa amarilla
esto me llevo.

jueves, agosto 31, 2006

31log day

faltando a mi constumbre de no andar con memes, toca mencionar un par (ejem, cinco) de blogs nuevos, de ésos que alegran el recorrido por la nete:

_Euge si bien no se actualiza mucho, lo que siente es fuerte y claro, anti espirituales abstenerse.

_Le.mon.grass ella es realmente creativa, y una de l@s pocas paceñ@s que tolero leer en inglés, con la sola excepción de MABB probablemente.

_Mi meme Rodrigo Antezana y artículos varios sobre cine,literatura y afines

_Gato diversos temasde un bloguero cordobés especializado en diseño,pero no sólo

_Angel el amable español que me motivó al meme, gracias che, y un saludo!

miércoles, agosto 30, 2006

verla pasar

Si pudiese, me quedaría trenzando mis cabellos, en la puerta de mi casa, mirando pasar la vida.
Hacedora de los amaneceres, de las múltiples mañanas, esperaría.

Lluvias, arco iris, nietos, flores, arrayanes.
Sin embargo, aún no es mi tiempo para.
Aún mi cabello no es gris viejo, ni mis manos han acariciado la frente de mis hijos.

Aún no sé, aunque he sabido sospecharlo, de haber tenido y haber perdido; aún mis músicas no se componen de tangos, boleros y memorias.

Aún no puedo ver pasar la vida.

jueves, agosto 24, 2006

tanto deseo

Hay momentos en los que no puedo más que detenerme a contemplar la luz. Dorada, me impulsa a dormir, blanquecina, me impulsa a alimentarme. Como si mis ojos estuviesen recubiertos de finísimas láminas de verde, la luz me permite respirar.

Hoy, en el patio, recordé que a veces, de noche, cuando insomne recorro las baldosas, deseo al rey del sueño: sus ojos son dos carbones encendidos, su piel es de alabastro, su traje está cubierto del polvo de las hadas. De niña, era para mí, idéntico, aunque pequeño y desmelenado. Ahora, es a él a donde voy, cuando la luz me empuja...

Nunca quiso llevarme. A veces, temo que cambie de opinión, y lo haga. Pero cuando me pesan los huesos, las pasiones, el estómago y los labios, miro al tibio resplandor de la tarde, al sordo titilar de la noche, y ruego. Aunque una humana no pueda atreverse a rozar al infinito, aunque no sea de este mundo pedir por el siguiente, yo, en esas tardes donde la luz diluye los objetos, imploro.
¿Porqué, pesada, no alcanzo con beber toda esta maravilla? ¿Porqué tanto deseo?

martes, agosto 15, 2006

la ciudad los otros

Una podría sentarse ante sí misma y afirmar: la ciudad existe fuera de nosotros. Una podría, también, querer creer en las promesas hechas al calor de la nada, y vivir sufriendo. Mentirse, es algo que una puede y hace, a cada rato.

Sin embargo, o por eso mismo, porque una no puede soportarlo, planteárselo de frente, aceptarlo, es que la realidad es otra. La ciudad es apenas una suerte de paredes que separan una persona de la siguiente (¿qué pared separa mis sueños de quien duerme, muro de por medio? ¿cómo sé que él no sueña también, acaso lo mismo? ¿quién dirime qué sueño pertenece a quién?), las promesas no deben creerse, requerirse ni esperarse; la mujer que yo soy debe saber buscarse adentro y mirar para sí misma, sin miedo a lo que encuentre.

O también: una podría animarse de una vez a configurar su realidad, a admitir la lluvia que permea el campo de esmeraldas, a decirse que esperar del otro no es igual a poseer esperanza, porque una es inútil, y la otra bien puede sostenerte viva.

Una podría, de una vez, empezar a considerar la ciudad junto a los otros.

sábado, agosto 05, 2006

pedido de mudanza

Quiero hablar con las paredes, y que ellas me respondan. Quiero que cambien de forma, textura y de color, de acuerdo a cómo voy y siento. Quiero ser capaz de pintar ángeles parlantes en los muros, y de beber jugos rosas de los cálices. Quiero pintar bajo un ventanal inmenso, cuadros sucesivos de historias. Quiero un piso de madera y flores en las ventanas, trenzas largas y pecas en las piernas, quiero todo el tiempo rezumar música. Todo eso quiero y más, allá cuando sepa permitir a mis deseos avizorar el horizonte, plasmar mis escenarios, ampliar mis existencias: descubrirme, cada vez, capaz de nuevos textos, de nuevas realidades. Quiero, de forma permanente, crear y revivir los eternos tablados de la vida y de la muerte, y nunca, nunca más, temerles.

lunes, julio 31, 2006

tiempo de dragones

Una entra, belicosa, consciente del sol y la calidez de afuera, irritada ante la gruta, la caverna, el marasmo fétido que se percibe aún antes de entrar, la bocanada pútrida que inmediatamente separa la realidad externa de ese desamparo, esa humedad acechante, esa batalla que la espera dentro.
Pero una entra igual, a los gritos, dando mandobles, protegiendo el estómago y el corazón con el escudo, cortando lenguas, segando cuellos, atravesando escamas y colas de tamaños varios, trozos de colmillos, jirones de piel, hasta llegar al centro y enfrentarse -con el escudo, hay miradas que congelan o matan- a él, gordo de tanto chupar huesos, pesado, lleno de bilis, de hiel, de mierda contenida. Enferma de asco, una no olvida que ha venido a matarlo, ni cómo hacerlo. La sangre gris estalla y el bicho, el monstruo, muere, furioso en su agonía, y no olvidamos tampoco revolcarnos en su muerte, protegernos de todo mal, encaminarnos victoriosas a la puerta.
Allí, al fin, una, aliviada, saca la cabeza, piensa en el amor (ahora una es capaz de pensar en el amor), y sueña: en lo lindo que será mañana escribirte, saber de ti, mirarte a los ojos y la boca, mirar tan insistentemente tu boca, poder de una vez, quererte, haberlo deseado tanto.

martes, julio 25, 2006

mundo vario

Suelo despertar segura de que, frente a cualquier eventualidad, no me espera aquí adentro más experiencia que la que yo desee ver ante mis ojos. En efecto, habito varios mundos, y en todos ellos estoy enteramente sola. De nada sirve que ustedes crean que me perciben y que participan de mi tiempo. Cuando comparto contigo la mesa y el café, cuando te miro dormir, cuando te escucho cantar, cuando me río de tus bromas, aún ahí sé de mi ulterior soledad. Tampoco me angustia: hace ya mucho que así llegamos, por intermedio de otros que supieron o se negaron el hecho de ser, a su vez, solos y solas. No tengan miedo, amo mi soledad, y es a la alegría a la cual abro mis párpados, todos los días. Sólo quien sabe estar solo sabe acompañar, de modo verdadero. Y es todo lo que tengo que decir por el momento.

martes, julio 18, 2006

Ayer

Ayer, por fin, logré conciliarme con el sueño. Tengo un fantasma en casa que juguetea con los periódicos y se para ante mi puerta, todas las noches. En vano me repito esa letanía boba de que “nadie” puede estar allí afuera. Es un caballero y me respeta, nunca entraría a mi cuarto. Pero en su insistencia de velar mi sueño, consigue desvelarme. ¿Quién es? ¿Acaso es mi abuelo, urgido de salvarme, cuando yo ya me abandonaba? ¿Acaso mi tío, recién muerto, apegado lealmente a la casa de mi padre? ¿O soy yo misma, exorcizada, liberada en capucha y bigote fino, hecha materia de tristeza?
Quizás abandone esta fase de mi vida sin saberlo (tantas cosas que no sé). ¿Cuándo lo haga, seguirá él mi camino? La experiencia me lo niega: duermo bien en todas partes, menos aquí, en esta mi cama.
Impotente es una frente a lo que se desconoce, de sí misma y de su entorno. A veces, sospecho que él se alimenta de mis emociones. Puesto que ya no soy (ni seré) desgraciada, bebe de mí eso que me marca –aunque en el proceso sabe a veces robarme, también, el sueño– esos tres sentimientos con los cuales nunca más me he podido aburrir. Quizás él ha sabido degustarlos, como mi olor, como la percusión intermitente de mis pasos, y ya no sabe vivir de otra cosa. No está hecho de ellos, ¿o sí? ¿Puede un fantasma conformarse enteramente de tristeza, amor y agradecimiento?

viernes, julio 14, 2006

Nos pongamos místicos

Un caballero verde musgo y blanco, para recordar el alba.
Un caballero rojo y sobredorado, para alcanzar el día.
Un caballero oscuro, para celebrar la noche.
Vapores de sangre, sombras oscuras de un dios.
Espadas.

Todo eso, antes de mis alas y mis ojos, quiero ver en este mundo.

lunes, julio 10, 2006

Sapere aude (o samba que K. Dick podía tocar y Lovecraft no)

Mi mundo se ha dedicado a repetir, en un circuito infinito e invariable de representaciones, el ciclo de enfrentamiento entre el ser libre y la nada opresiva, entre el algo que se enfrenta al todo, lo que llamamos devenir y que conforma esas tres o cuatro emociones básicas: humor, pasión, esperanza, miedo a la muerte.
Amor/Odio. Eros/Thanatos. Dualidad.
Quizás lo repetimos así porque no acabamos de entenderlo.
Cuando agotemos todas sus posibilidades ¿dejaremos de ser? ¿O, simplemente, mudaremos de fase, hacia un mundo que prefigure algo más que 10101010101, capaz de incorporar una trialidad, una multiplicidad de factores interconectados, más allá de lo binario?
Sin duda, como los sospechó Wittgenstein, el lenguaje no alcanza a describir esta posibilidad: se queda en la ilusión de poder ver al otro lado del límite, tan sólo por el hecho de reconocer ese infranqueable borde como tal. (¿O venimos de ahí? ¿El aymara, las lenguas signadas por la triple posibilidad –sí, no y algo otro, impreciso, en el medio- no son fósiles vivos, residuos, de esa otra percepción de la realidad? ¿De ese otro mundo?) Mi sangre, mi muerte, doy, a cambio de ojos de vidente, para ver más allá de mi sospecha. Yo, la intempestiva, deseo abrir esa puerta, destrabar esa caja, morir por curiosa, pero un instante antes ¡saber!

jueves, junio 29, 2006

hechizo

De greda y fuego
Estoy hecha

( recipiente-quebrado
Leche-derramada
fuimos)

Vuelve Tiempo Atrás

Previa al estallido
Antes de la sed

Antes

domingo, junio 25, 2006

No soy quién

A veces, la inspiración me sujeta los dedos, impulsándome a correr tras un delirio de letras y frases que se suceden sin respiro. En breve, casi sin aviso previo, el impulso disminuye, el borbotón mengua, el teclear frenético se acompasa. Todo sucede en un espacio atemporal, que me impide medir de manera científica el ritmo y el tiempo que invierto en el proceso. Mi cabeza se sacude, mis piernas se doblan, mi cuerpo se contorsiona. Para cuando me descubro examinando el esmalte de mis uñas, la realidad de la pantalla ha retornado a mí: pero ya he cesado de escribir. ¿Cuántos minutos, segundos, pedazos de hora? ¿Qué ha sucedido? Muchas de las veces, decido eliminar, olvidar, lo expresado. No las suficientes. Vuelvo a ello, ojos cerrados y manotazos de ciega, e insisto, a pesar mío. Ella es más fuerte. Esa impotencia mía, esa obcecada inclinación a obedecerla, me hunden. Y no soy quién para separar esa parte de mí misma.

jueves, junio 22, 2006

Traición al cangrejo


No fue asunto de seguir sus pasos en la playa, mientras esquivaba trozos enteros de materia. Eso lo hice. Tampoco fue cuestión de acompañarle sobre las duras baldosas de la realidad, esto también lo hice. Lo enrevesado fue cuando desapareció y perdí su rastro. Desesperada, tras esperar un rato decidí alejarme. Ahora, que me encontró, ¿cómo hacerle entender que no quise abandonarle? Nos carcome la duda...

sábado, junio 17, 2006

Lejos de la sed

Altiva
detrás de los adornos
Te miro

(mis ojos apenas espejo de tus ojos)

Húmeda de raíz
tensa de recodos
Te espero

Lejos de la sed, nuestro lecho brilla.

miércoles, junio 14, 2006

La vida no es, si no se la alumbra

Cuerpo de sombra
ojos que absorben calles
ruido de fondo
Letras

Sólo eso me resta ser
tu cuerpo lejos de mi luz
(mi fuego sujeto a tus incendios)

Hoy no estoy viva

sábado, junio 10, 2006

el recuerdo de tu entrega

Madre, una luna entera estuve acompañada, pegada noche y día a un joven admirable. Y aún así, los años que te llevo me impidieron admirarlo sin reservas. Otra vez no me he dejado ir, madre, otra vez estuve a punto, y me detuve. Como tú buscabas a tu padre en el mío, me descubrí hallando trozos en él en cada gesto. A pedazos, insistente, el recuerdo de tu entrega coartó la mía. Y eso es todo. Ayer, colgados los dos, llorando de gozo, no atinamos a murmurar una sola frase de querencia. Me vi, incapaz de articular mi sentimiento. Impronunciado, madre, este desaparecerá, alejándose con él, tu pasado en mi, rechazando ese futuro.

lunes, mayo 29, 2006

en el jardin

Tiniebla, entre velo de sangre y otros tonos del sueño. Tocan a mi puerta y estoy dormida, no atino a responder. Envuelta en amarillo tibio, en rosado y gris, espero, detenida ¿Tocan a mi puerta? Inmersa en mi cuerpo, dada vuelta, mis párpados en el fondo de mí misma, no son abiertos. Mis pies cuelgan dentro, levantarme es algo que no puedo. Respiro líquido, mi boca ha olvidado el roce anaranjado de tu boca.
Tocan, rozan con los dedos la madera de mi puerta, y yo, doblada entre penumbras, no puedo ofrecer mi piel a la tibieza de esas manos que insisten a mi vera.
Cesan, y el ruido de esa ausencia deviene insoportable. Cuando despierto, ojos abiertos atravesando esferas, agua corriendo derramando puentes, vidrios de luz, ya no están al otro lado. Exploto al respirar. En el jardín, otro capullo cae abierto.

domingo, mayo 21, 2006

poseedora de los hilos

Echarse y desear, estar casi dormida, casi inconsciente, y aún así percibir, esperar, establecer un imaginado cordón con el futuro. El cielo todo está entrecruzado así, pleno de nuestros absurdos y mínimos antojos. Tan espesa y vaporosa su trama, la llamamos viento, masa azul, firmamento o nubes, ya que es invisible. Junto con el vapor se eleva, estableciendo uno y otro mapa indefinido, mínimo y fluctuante como nuestro anhelo.
Y ahí está. Siendo la mal llamada simetría el simple desgarro de la luz en la entretela. Y nosotros, que ignoramos, sólo sabemos respirar con desenfrenada impaciencia. Ah de aquel nuevo día ya urdido y desentrañado tantas veces, ay del previo tejer de lo que quisimos, ay del miedo, íntimo y cuidadoso de saberme, poseedora de los hilos. Dueña y cómplice de mis siempre realizados deseos.

viernes, mayo 19, 2006

Mariposas

Me mira, los ojos le brillan como si ya me tuvieran dentro. Y yo me quedo quieta, como cazada, sin atreverme a moverme ni corresponder, de sùbito envuelta en la cristalina pared de esa mirada; como una criatura fragil o alborotada, detenida de pronto.
Mi mundo confinado al cerrado entorno de ese instante, solo me resta observar: quién sabe por cuanto tiempo mi alma sabra mantener su pausa, yo-sobre-grava-sobre-verde, antes de desesperar y agitarme toda, reaccionando ante ésa, la soberana percepcion de quien me embarga.
La temporada ha empezado.

lunes, mayo 15, 2006

La luna no esta en su lugar

ni los acentos, ni yo. Tardare en hallarlos y mas aun, no sabre ser hasta. Nadie hay obligado a esperar: volver implica para mi sola la posibilidad del retorno. Tampoco el desierto es igual aqui, rosa profundo; lila; me empuja entre el mar y su sombra roja. Pronto, pronto, pero no de inmediato. Asi como todo.

jueves, mayo 11, 2006

Días Antes

Tras el ruido del ascensor al cerrarse sólo queda la nota oscura de sus pasos en el corredor. Abre la puerta con un gesto cansino, aún se reflejan en el los sucesos del día, del afuera. Va dejando caer su ropa mientras ingresa al apartamento. Cuando encuentra la botella de vino semivacía ya solamente le restan las bragas y una blusa ligeramente rosa. Con una copa en la mano se reclina perezosamente el sofá, estirando y admirando sus piernas, que a esta hora de la tarde brillan de un modo parejo, apenas resaltando la tenue cicatriz del muslo izquierdo. No va a pensar, no va a pensar ni recordar nada, durante al menos media hora. Porque lo que tiene por delante es enorme en su continuidad y dejadez, porque ya se ha embarcado en ello y no hay vuelta que darle. Sólo el frío de la madrugada logrará despertarla: otra vez se ha quedado dormida en el sofá y sus bellas piernas se estremecen, no teniendo quién las cubra después de que su dueña haya caído vencida por el sueño. “Hay que ir a buscar a Mikele” se dice, cuando sus enormes ojos verdes se abren a la luz. Aún estremecida, se levanta para enfundarse en un vestido rosa, gris en ésta, la hora azul del día. “Seguro llueve en Barcelona” se dice, antes de abandonar el apartamento frío, lleno aún de los sonidos de la noche, a los que se mezcla, ahora, el ruido sus pasos, y de un ascensor.

viernes, mayo 05, 2006

cualquier apetitoso contenido

Una redonda gota de materia se desliza en mi interior, pequeña y metálica. Las cavidades rugosas de mi ser la dejan pasar, balanceándola gentilmente de un extremo a otro de mi cuerpo. No hay nada más. Ella sola rueda a través del silencio, resonándolo. La imagino sin brillo, quizás porque su recorrido se me representa en tonos apagados: gira alrededor de murmullos rojos como la madera antigua, atraviesa huecos cálidos, oscuros como las sombras de la tarde. Duda entre un rumbo y los otros. Y está bien así. Sin esa gota, esa dureza ajena a mi cuerpo, yo apenas soy una vulva vacía. Carente de cualquier apetitoso contenido.

martes, mayo 02, 2006

Nada somos

Nada eres. Sentada, con un libro entre las manos, ajena estás al mundo y sus vaivenes. Cuando eras niña, cargabas libros en los brazos como si fueran un talismán. Ahora, sintiendo el frío roce de la piedra, a veces levantas la mirada de las palabras y ves, más allá, a los otros. En eso has cambiado. Sigues, sin embargo, ausente. “Nadie existe de verdad” murmuras, “son más reales los caracteres que leo, las voces y llantos que imagino dentro del papel”. Esperas. No sabes bien porqué, pero lo haces. Y en tu espera, late, firme, tu certeza: nada eres. Sólo entonces puedes dar vuelta a la página, y diluirte tras el fondo de los signos. Alguien hará lo mismo con los otros. De esa certera salvación estás segura. Nada somos.

lunes, abril 24, 2006

eso que preferimos ignorar

La tarde, los cerros, el suave ronroneo de los gatos en el alfeizar de la ventana. Tú la abrazas deseando dormir, para que ese momento no cese, para que se quede fijo, suspendido en tu recuerdo.

La noche, las luces, el suelto divagar de los que grillan. Ella lo abraza, con la lenta desesperación de quien no desea despertar, para que sus senos contra su espalda permanezcan así, como ellos, unidos, acompasados, perennes.

Otra te abraza a ti, y tú te dejas estar, porque la tranquilidad que te depara se aproxima mucho a la gratuidad, a la libre entrega. Cierras los ojos y te niegas a oír el ruego que su piel transmite a la tuya. Ignoras, decides evitar, cuidadosamente, cualquier ramalazo de melancolía. Ella no piensa en ti, él no piensa en ella, tú no piensas en quien busca con sus labios la base de tu nuca.

A ninguno le importa.

domingo, abril 16, 2006

Carne que además puede leer filosofía

Como lo sabe caperucita feroz el secreto está en el silencio, en la atávica capacidad de aislarnos del ruido circundante y permanecer dentro de nosotros, así, callados. Lujo cada vez más esquivo, el silencio es el que nos permite de veras ser, escucharnos de manera profunda, dejar de mentirnos o aturdirnos con toda la serie de sonidos y pantallas. Ahí somos, baste decir que el ritmo del corazón se equipara con la sordina absoluta de nuestro universo, baste decir que el mejor beso es aquel que gime como dos bocas a presión, baste escuchar la nada de vez en cuando, para imaginarnos como algo mejor, como carne que además puede leer filosofía.

domingo, abril 09, 2006

Consideraciones sobre "V" de Pynchon


¿Pero, quién o qué es V? A través de toda la novela, la inicial V emerge como un símbolo de algo a ser perseguido, cortejado y conquistado, algo a ser querido, poseído o reganado, pero nunca para algún motivo en especial. De acuerdo a los “episodios”, V podría ser una mujer misteriosa, que persigue deliberadamente el camino de lo Inanimado mientras el antiguo orden da en doloroso parto luz a los horrores y sinsabores de la Modernidad. Como una sirena, ejerciendo una influencia esclavizadora sobre hombres y mujeres por igual, ella parece contener en sí misma las fuerzas opuestas del estancamiento y la rebeldía en alambicada presión, apareciendo en momentos históricos de decadencia y revolución. Y aún así sus motivos son oscuros; e incluso su naturaleza e identidad parecen indeterminadas, como una partícula quántica que contiene en sí los secretos de la onda y la partícula, subvirtiendo cualquier intento de definición por el hecho de poseer propiedades indistintas. Al final, él mismo admite: “V era ya en ese momento un concepto enormemente disperso”. Amante, prostituta, madre, monja, mujer: aún cuando podría ser el Edén perdido llamado Vheissu, ella debe ser siempre considerada en términos femeninos. Como la exilada Shekina, o la mitad femenina de Dios que los gnósticos llamaban Sophia y los cabalistas creían encarcelada en la matriz del universo físico, V parece más una promesa perdida que una figura real. ¿Quizás, el hecho de crear a V fue algo maravilloso y maravillante? Es posible que V sólo sea una suerte de ilusión, que representa solamente al deseo mismo. Quizás nos lleva -como el impiadoso intento de converger dos líneas paralelas- a la búsqueda de la posesión de algo inalcanzable. O, para verlo del revés, es V el símbolo de las múltiples maneras en que los caminos se bifurcan y difuminan al irradiarse desde un punto en particular…

martes, abril 04, 2006

ellas o yo?


Mujeres derrotadas, mujeres maravillosas donde el cuerpo y los ojos se mantienen a la par, brillando con luz propia. Mujeres que se atrevieron a vivir sin desafiar a nadie más que así mismas, sabiendo que el verdadero desafío se encuentra dentro de nosotras. Mujeres que supieron ser y ahora son. A pesar de la fragilidad, a pesar del eterno desamparo. Ellas, que merecen un lugar en esta buena, fértil, desconocida tierra. Es tan fácil hablar bien de ellas, desde la tranquila distancia del ordenador, las tres comidas, las píldoras anticonceptivas. El feminismo.
Vamos, ¿quién me da una moneda para aliviar su alma? ¿Quién financia mi próxima novela sobre las rebeldes de Alasia? Os lo juro: llorarán los irresueltos morales, se compadecerán las ecologistas de carné, me denostarán en la tele los antifeministas. Po_Le_Mi_Ca. Así se llama ahora la promesa de quien vende su alma al diablo por fama y dinero, en estos días (y se deletrea a f r i c a a f h g a n i s t a n o m a s u y o s h e r z e g o b i n a m a l a s y a m e x i c o a m a z o n i a hasta que las letras se agoten, hasta que ya no demos más, hasta que se nos ocurra una solución o den algo mejor en la tele ¡ shhh ! )

el amado

Soñé con el amado. Lenta, reflexivamente, esas palabras vienen a mi boca, al instante de despertar. Es mi constatación lenta, mínima aunque firme: eso es lo que resume los periplos de mi noche. Una sola frase, y el destello de sangre y sudor que aconteció entre sueños. Caminé con él, calibrándolo. Y mi certeza marcó al instante más allá de toda duda posible. Esta vez, no he sido yo quien te ha escogido. Está bien así. Tú tampoco supiste bien porqué yo y no otra. Inescrutable el designio, queda la sensibilidad, acaso extrema: bien está que yo sea tuya, puesto que no puedo basarme en otra desazón para saberte mío.

sábado, abril 01, 2006

Sin permiso

Tocaban a la puerta, afuera Barcelona estaba envuelta en una niebla espesa. Por un momento a Mikele no le cupo la menor duda, era la lluvia y el batir desvencijado de la puerta. “Nada más, jotío, ni siquiera un cuervo”. Cuando el batir se hizo más insistente y se pusieron a gritar su nombre, sin ningún respeto por la hora ni los vecinos, no tuvo más remedio que apresurarse hacia la puerta, para dar paso a la mojada criatura, vestida enteramente de rosado, que le estampó un húmedo beso en la mejilla.
_¡Raspa! ¿Hace cuánto que no te afeitas?
Mikele en un gesto automático se pasó la mano por la barba, mientras intentaba dilucidar si aquella niña con botas rosa añejo, impermeable fucsia, cofia, aretes y boca rosa encendido era una aparición o un mal recuerdo. Se decidió por lo segundo.
_Preciosa, han pasado unos años –le dijo Mikele mientras la conducía adentro- aún así, te ves exactamente igual a cuando nos conocimos.
_Lamento no poder decir lo mismo- dijo ella- y Mikele sintió que sus ojos verdes le medían de pies a cabeza. Intentó ser amable.
_Adelante, linda, ponte cómoda. ¿Tequila, como siempre?
Ella se limitó a asentir con la cabeza, se había quitado el impermeable y ahora sólo mostraba un delicado vestido rosa, de esos que a Mikele le traían aún los recuerdos de tambores y velas en Brasil, en las playas, antes de asistir a los exorcismos.
_Dime que no vienes a eso, guapa. Más bien, dime que no has venido, confírmame que estoy imaginando cosas, y por sobre todo (no tomas limón ¿verdad? ¿sal?) entiende que ya hace mucho que intento no hacerlo.
_Mikele, esta vez es serio, no estamos hablando de ninguna especie conocida de condenados.
_Ya no soy cura, cariño, de qué voy a servirte. Demonios, incluso he estado casado y no...
_Estamos casi seguras de que fue ella... esta criatura, quien mató a tu esposa. Debes creerme Mikele.
Sus ojos tristes, como siempre. Una inmensa muñeca de ojos tristes (verde víbora, pensó el) y cuerpo de porcelana le miraba seriamente. “No olvides -se dijo a sí mismo Mikele- que aún así esta criatura lleva la marca de la serpiente, por más que ahora utilice esas piernas enfundadas de rosado para ayudar a nuestro bando...' Le alcanzó un segundo vaso de tequila mientras mentalmente se preparaba para abandonar el apartamento, la ciudad, este lado del Atlántico.
_Veo que estamos apelando a mi buena fe- le dijo. Y sonaron dos copas.

Cba, abril 2005