
martes, junio 23, 2009
Cambio climático

miércoles, junio 17, 2009
Para que no me digan que me olvido
Tipo: Música/Arte - Recital
Red: Global
Hora de inicio: el viernes, 26 de junio de 2009 a las 19:00
Hora de finalización: el Sábado, 27 de junio de 2009 a las 6:00
Lugar: Espacio Simón I. Patiño
Calle: Av. Ecuador esq. Belisario Salinas, Edif. Guayaquil
Ciudad/Pueblo: La Paz, Bolivia
Teléfono: 70111852
Dirección de correo electrónico: jessica.freudenthal@gmail.
martes, mayo 19, 2009
Pre diseño de tapa

sábado, mayo 16, 2009
Y vamos 4
Igual, me alegra celebrar su cuarto cumpleaños con la noticia de que presentamos un libro infantil en la X Feria Del libro en Santa cruz de la Sierra.
Uma y el círculo mágico, se presentará en el stand de la Hoguera, el día sábado 30 de Mayo, a las 20hrs.
Quedan todos cordialmente invitados.
lunes, mayo 04, 2009
Dimensiones de la memoria
No mi memoria, que es larga, ni la de quienes llenaron su existencia con parte de la tuya: tu mujer, tus hijos, tus amantes. Acaso, todavía, te recuerda alguien vivamente, acaso sabes a quiénes acudir, dónde brillar con tus ausencias.
Igual, hoy he sentido un vacío. Un hueco donde antes estaba el firme estar de tu recuerdo. Debo haber cambiado. Al no ser la misma que ayer te recordaba, al llenarse mi vida con otras existencias, mi memoria ha cambiado conmigo.
No te he olvidado, sigues allí y seguirás, quizá, en veinte años. Es que cada vez te siento más lejos de esta tierra, y no he podido atraparte con los lazos esperados.
¿Qué pasará en un año? ¿Seguirás ahí, cerca del parral, alimentando a las gallinas? ¿Podré oir tu sonrisa, escuchar cómo me enseñabas a encontrar, ojos cerrados, los caminos de la casa?
¿Dónde habré de hallarte? Mis recuerdos se almacenan solos, apilándose, y no sé cómo escogen retener el polvo, o defenderse de las inundaciones.
¿Dónde buscarte, ahora que he cambiado? La memoria no se pierde con los años, se intensifica o se diluye, se expande y se contrae, y estando en ella estás, existes.
Sólo espero no desencontrarte.
domingo, marzo 01, 2009
Un cuento sobre los ancestros
Para la Flaca
Contra toda evidencia siempre he creído que hubo más gente antes de la que hay ahora, más incluso de la que habrá en el futuro. Hay una prueba simple que lo demuestra, y tiene que ver con cuán atrás podemos ir con nuestra memoria ¿Eres tú capaz de recordar de dónde venimos, de quiénes? ¿Puedes acaso recordar a todos?
Hay muchos misterios en la vida de la gente. Llegamos hasta ellos como a través de una pared vidriada, de las que no permiten adivinar más allá. Los orgasmos de los demás -es un ejemplo- son para nosotros sospechas, pedacitos de ignorancia. ¿Qué imágenes pasan por la cabeza de otro, cuando tiene un orgasmo? ¿Tienen orgasmos, los otros? ¿Son esos orgasmos como recuerdos, o como ventanas? ¿Otorgan algo, llevan, por ahí, a alguna parte? ¿Tuvieron orgasmos, sus padres? ¿Y sus abuelos? Quizá, si supiéramos cómo eran esos orgasmos, sabríamos qué clases de personas eran los antepasados de nuestros amigos, de nuestros familiares, ¡de nuestros padres! Es una injusticia que algo que nos pueda decir tanto de los otros sea precisamente un secreto bien guardado.
Para que veas que soy sincera, y llegues a conocerme, voy a contarte una de mis experiencias de orgasmo. Empieza así “me vine”, y termina con una imagen, una ventana, donde en fila, hilera tras hilera, me ovacionaban una serie de empanaditas de carne argentinas, todas disfrazadas de gaucho, con sombrero, bigotes y pañoleta. Fue un orgasmo conmovedor, para nada solemne, y no tuvo nada que ver con las chispas de colores o los campos de flores de los que hablan tanto.
Ahora que sabes algo de mí voy a explicarte, ya con algo de confianza, mi idea de los padres: Todos saben que mis padres, a su vez, tuvieron padres. No hay otra forma de llegar aquí, a la tierra. Eso significa que yo tuve, por supuesto, dos abuelos y dos abuelas, y ellos, a su vez, tuvieron padres: mis cuatro bisabuelos y mis cuatro bisabuelas. Y antes están, claro, mis ocho tatarabuelos y mis ocho tatarabuelas. Como la hilera de empanadas con bigote, mis antepasados son un ejército, una hilera de personas que crece y se estrecha hacia el pasado, cubriendo todo el horizonte. Y como a sus orgasmos, cada uno guarda sus secretos. Nunca sabré con exactitud quiénes fueron, qué guardaban y qué me heredaron mis ancestros. Sólo puedo sentir agradecimiento hacia esos desconocidos. Si miro hacia atrás, a este mar de gente, me siento cómplice de algo que todos en mi línea generacional comparten, de algo que todos sabemos, sospechamos y sentimos. Cada una de mis células se siente cómplice.
Y cuando uno de mis ancestros muere, siento que va a unirse a los demás, a rasgar ese misterio. Los aymaras dicen que todos los muertos viven en una ciudad, en el fondo del mar, al oeste, y que de allí vienen a visitarnos, una vez al año. En esa ciudad –donde hay más gente de la que habrá en el futuro, siempre- está mi casa. Una casa donde se alojan todos los que vinieron antes de nosotros, todos los que tienen una molécula que ver con mi increíble y azarosa existencia. Me da un poco de miedo pensar en la aglomeración, pero vamos, estamos en familia. Allí las veladas son largas, llenas de reconocimientos, historias, y de aquello opuesto a las ausencias. Bajo la parra hay pues algo más que reencuentros, hay y existe una energía creadora que se estrecha hacia atrás y llega a rozarnos a nosotros, los que aún no hemos llegado.
Yo sigo aquí, en la vida, todavía me he de quedar un poco más. Pero estoy convencida de que hay más gente atrás de la que habrá nunca en el futuro, y que a ellos me uniré –a compartir y a averiguar secretos, a callarlos y a repetirlos, en familia- allá cuando me vaya.
Tarija, 26 de febrero 2009
sábado, noviembre 08, 2008
¿Quién cuidará mi jardín?
Lo admito: las hojas cubren el piso, y no hay más césped que manchones de tierra, turba y algo de ceniza.
También: si las rosas florecen, es por determinación y no por mi buen tino.
Nadie se ocupa de regar los arrayanes y cucardas, cada otra mañana.
Pero el olmo es pródigo y gigante, y la higuera reverdece cada tanto.
Y si cierro los ojos, muchas veces, escucho llover entre las hojas.
Nadie cuida mi jardín, pero es hermoso.
lunes, septiembre 29, 2008
Sabrina ha nacido bajo la luz de la Luna Nueva
miércoles, septiembre 10, 2008
Curry
Yo tranquila, cocinando, y se me ocurre usar curry. No, no te la creas. Está todo bien, yo estoy bien. Dormí pesado y no soñé contigo. Ya nunca sueño contigo. Todo porque sólo había pollo en el congelador, pierna y contra pierna. Odio el pollo, aunque sea versátil, aunque se le pueda poner todo tipo de condimentos y haya más maneras de prepararlo que de hacer el amor, en serio. Si hubiese conejo de Castilla no me pasaría esto.
Es que también había manzanas. De esas pequeñitas y rojas, para comer en dos bocados, semilla, piel, toda, entera. Entonces; pollo al curry, no me quedaba otra. Y todo estuvo bien: flamenco en la radio, arroz con ajo y sal, pollo —primero descongelado, luego dorado en mantequilla y aceite de maíz— cebolla en rodajas, azúcar, manzanas peladas y en trozos, singani para levantar el caramelo. Hasta que tocó: añadir curry en polvo, mezcla de cúrcuma y otras especies dulces e imprecisas. Condimento amarillo. Se consigue en cualquier supermercado. Peca de olor, de olor inconfundible.
Menos mal que al añadirlo, junto con la sal y la canela, no faltaba más. Cuando el vapor me golpeó la nariz, no hacía falta tocar más esa olla. Y menos mal, hubiese tenido que tirar todo a la basura.
Y no me digas que no es tu culpa, fue tu idea llevarme a ese chiringuito hindú, antes de que te/me fueras, para encontrar a tus futuros compañeros de trabajo. ¿Te acuerdas? Cebolla, mantequilla, huevo, curry, yogurt blanco, picante cítrico de ajíes y cáscara de lima. Arroz con ajo y sal. Te quedó la boca amarilla, y amenazaste con limpiarte la boca entre mi cuello y mis senos, embarrarme entera. Y lo hiciste, mal nacido, lo hiciste, mientras yo entrecerraba los ojos, y suspiraba quedito, envuelta en ese olor, aspirando apenas, sin tocar tus rizos, sin pasar mi mano por tu espalda, sin atreverme a nada, no fuera a interrumpirte.
lunes, septiembre 08, 2008
El mundo en una galleta
jueves, agosto 21, 2008
azur
"Nuestro árbol ya ha florecido, viste cómo cubre gran parte de jardín? ayer no se veía así"
"Anoche, llegué tarde desde mi trabajo, la luna se reflejaba en todo el espacio alrededor de nuestra casa, la suave luz cubría de un color azur a cada una de las flores, me sentí conmovida al pasar por nuestra puerta".
"Sé lo que quieres decir, yo misma no sé si estoy soñando, el florecimiento del jacarandá marca el inicio de nuestra primavera"
Somos latinas, y no japonesas. Jugamos con el cachorro entre las flores, sonreímos al calor y deseamos andar en faldas sueltas y bañarnos en piscinas. De las flores, no hemos conversado.
viernes, agosto 15, 2008
Compartiendo recuerdos incluidos
sábado, junio 14, 2008
un par de links
Porque hay momentos de mucho trabajo que amenazan con hacernos perder esta gran certeza: vivir es también dormir, leer comics, tomar mate y recortar figuritas.
Vivir es lavar ropa y escuchar música, y extrañar a los amigos que no están.
Vivir es soñar con hacer otra cosa, en otro lado, en otras circunstancias
Como lo dice Tute: al final la imaginación es el medio más barato de transporte
O como implica montt en sus dosis diarias
hay cosas allá afuera, que se están gestando, que apelan a lo mejor y a lo peor de todos nosotros
y de una servidora
domingo, mayo 25, 2008
Y van tres
Seguimos aqúí, aunque el blog se vea muy abandonado.
La cocina tiene la culpa? Otros realmos, quizá?
Igual, ya van tres años de blog, y contando
Sigo pensando que el 17 de mayo sea el día internacional del internet es una coincidencia... alguien puede explicarme en qué consiste el día del internet en Bolivia?
jueves, mayo 22, 2008
El síndrome del escritor-carretilla
El síndrome de la página en blanco se conoce particularmente como un bloqueo, una pérdida súbita de la habilidad para comenzar o continuar un escrito. Se le hecha la culpa: a la falta de inspiración o creatividad. Se le niegan: otras posibilidades existenciales.
El síndrome del escritor-carretilla es completamente diferente, y hasta ahora sólo sé que quien lo padece se parece a mí, o que yo lo padezco a él. O algo parecido.
Una carretilla, sostiene la wikipedia, es una herramienta utilizada para el transporte a mano de carga, generalmente de una sola rueda, con un cajón para apilar la carga, dos varas para dirigirlo (opuestas a la rueda, lo que ayuda mucho a la hora de, bueno, cargar pesos y transportarlos en una determinada dirección ) y dos pies en que descansa. Es un bicho muy útil; yo personalmente he transportado niños, perros, vitrinas y colchones en ella.
El primer hombre nacido bajo el signo de la carretilla fue descrito por Hans Christian Andersen en un cuento acerca de una llave. No hacía nada si no le empujaban. (“Su padre”, explicaba Andersen, “le había empujado a la oficina, su madre, al casamiento, y su esposa al puesto de chambelán…”) Ni siquiera podía llegar a su casa. Por lo tanto, siempre era de adivinos saber cuándo se iba a comer allí; y el arte de recalentar la comida -para que no estuviese fría ni demasiado cocida para cuando él llegase- era practicado con la destreza de quien se dedica a la quiromancia.
El Chambelán pues, llega atrasado a comer, porque no puede avanzar si no se le empuja. Ahora sí podemos hablar del síndrome del escritor-carretilla, que se conoce particularmente no como un bloqueo, sino como una inmovilidad.
Aquél desgraciado escritor nacido bajo este signo funesto, no podrá avanzar sin ayuda. Sin acicate. Su padre, por así decir, tendrá que empujarle a la carrera de las letras, su madre a escribir su primera novela, su editor a publicarla. ¿Y cuando no hay alguien para empujar? ¿Cuando el escritor, desesperado, se siente con los dos pies descansando sobre la tierra –libre de carga o lleno no importa, esto es lo más grave- sin poder moverse? ¿Qué hacer?
Hay una serie de ejercicios que se recomiendan para aquellos escritores que sufren el bloqueo de la página en blanco. Incluyen un sinnúmero de supersticiones, que no explicitaremos en estas páginas.
En cambio, para aquél escritor inmovilizado, sólo hay una manera conocida de sacudirse la inercia:
Búsquese, de la manera más casual posible, a una persona con empuje, que lo lleve hacia la dirección equivocada (que lo inste a sacudirse, a trabajar y, sobre todo, a no escribir nada de ficción, por ejemplo). El método funciona a las mil maravillas. Cansado, agitado, harto de sentirse presa de la fiebre de otro, el espíritu del escritor se rebela. No puede, sin más, ser empujado como una carretilla hacia fines nobles, o fundamentalmente, económicos. Algo se agita dentro de sí, algo que es tan inexplicable como el milagro de la intuición de las primeras páginas. El mecanismo empieza a rechinar, y el escritor agarra empuje.
Ahí tiene Ud. a un escritor perfectamente desequilibrado, abandonado al empuje equívoco del otro, que ya no puede manejar sus riendas… que resulta en un escritor dichoso, productivo, interesante o desconocido, pero activo al fin.
Hasta el próximo -por supuesto, inevitable- inmovilizamiento.















