viernes, noviembre 07, 2014

Tardes de fútbol

Posteado el  por Marcelo Paz Soldan



Domingos por la tarde
Tardes de fútbol
Por: Alfonso Gumucio Dagron
Hace meses que circula este libro y no había podido dedicarle un espacio porque otras cosas se metieron en medio en este blog, queriendo sin querer.
Domingos por la tarde: cuentos bolivianos de fútbol (2014) es una selección realizada por Ricardo Bajo, el periodista vasco que vino hace 17 años a remover la cancha de juego de la crítica en Bolivia y que lo ha hecho con compromiso y con éxito. Como él mismo anuncia: “la selección nacional de las letras bolivianas salta a la cancha y no tenemos rival”.
En esa selección que hizo Bajo aparezco otra vez jugando de siamés con Carlos D. Mesa, lo cual tiene su gracia. El tándem funcionó bien hace seis años, cuando Ricardo nos hizo una primera provocación para ser parte de un libro de cuentos “stronguistas” publicado por Letralia y La Gloriosa Ultra Sur 34, en ocasión del centenario de uno de los clubes de fútbol más emblemáticos de Bolivia, The Strongest.
Ni Carlos Mesa ni yo estamos convencidos de que ese equipo sea realmente “el más fuerte” como dice su nombre traducido al castellano, (Carlos es del Always Ready y yo supuestamente bolivarista, mas no fanático), pero nos gustó el reto de escribir a cuatro manos un relato que titulamos “Descenso” y que fue apreciado por los lectores cuando salió a la luz junto a otros 32 cuentos en el libro Warikasaya: cuentos stronguistas (2008) y en la segunda edición de 2912. Warikasaya, palabra enigmática de origen aymara, simboliza el grito de victoria de los atigrados. Se supone que hace temblar de susto a los contrincantes.
La explicación de la palabra aparece en el blog Área Gualdinegra: en 1936 se festejaba la fiesta de San Juan, el día más frío del año cuando en torno a una fogata que habían armado los stronguistas, el hincha Francisco Villarejo dijo “¡qué frío! k’alatakaya warik’asaya”, que quiere decir que el frío invernal paceño es capaz de romper las piedras y hacer temblar a las vicuñas. La expresión gustó y quedó como grito de guerra.
Como sé que es amante del fútbol, le regalé a Eduardo Galeano un ejemplar de Warikasaya cuando vino a Bolivia a mediados de julio de 2013. Cenamos juntos en el Hotel Radisson donde llegó con varias horas de retraso y subió a su habitación con el libro bajo el brazo. Estaba cansado por el viaje y lo único que quería era dormir.
Al día siguiente cenamos de nuevo en el mismo lugar y me dijo con mucha seriedad: “Por tu culpa no dormí bien anoche, porque estuve leyendo varias veces tu cuento sobre fútbol y me pareció magistral la manera como los ejes narrativos confluyen hacia el final”. No es menor el piropo que nos hizo a Carlos y a mi el autor de Las venas abiertas de América Latina.
Para la segunda convocatoria en la cancha literaria Ricardo Bajo vistió la camiseta verde de la selección nacional y nos puso en aprietos con su habitual persistencia (por no utilizar una palabra que no está en el diccionario) porque tanto Carlos como yo andábamos atareados en países diferentes.
Sin embargo, golosos ante el desafío, al igual que en el primer ensayo hicimos el trabajo disciplinadamente. La primera idea que propuse fue un cuento sobre el tan famoso como infortunado rodillazo de mala leche que el presidente Morales le dio a un jugador de fútbol que le quitó la pelota en un partido amistoso, como puede verse en YouTube, pero luego pensamos que a Ricardo Bajo no lo iba a publicar, dadas sus preferencias políticas, aunque fuera muy buen cuento.
Entonces surgió otra idea, la de narrar en paralelo un penal y un suicidio, ambos fallidos, que trabajamos mediante sucesivos intercambios de correo electrónico. Al parecer salimos nuevamente airosos con el cuento Tiro fallido, a juzgar por el comentario que publicó Sebastián Antezana, que sabe de literatura porque es uno de los narradores jóvenes más importantes que tiene Bolivia. Sebastián afirma que algunos relatos del libros son buenos, otros malos y unos pocos “sobresalen con ventaja”:
“Entre estos últimos, la figura de la derrota está notablemente narrada en Tiro fallido, de Carlos Mesa y Alfonso Gumucio. En el cuento, un tiro penal es metáfora de un instante trascendental en la vida de su personaje, uno de esos momentos definitivos que raras veces ocurren en la vida real pero suceden sistemáticamente en el fútbol y, por eso, lo transforman en pasión extradeportiva, en código religioso, en cuestión de fe. El cuento es el relato de uno de aquellos momentos de ultratensión que lo definen todo y que, al mismo tiempo, definen muy poco más allá de sí mismos, y quizás por eso hacen evidente lo efímero y frágil de una vida. Eso porque en este cuento como en casi todos los del libro, se pone en evidencia una relación explícita: el fútbol se ve como la vida y viceversa. Así, es un relato que “literaliza” (o, performa, en jerga académica) el fútbol; es decir, que iguala la experiencia futbolística a la vital, el juego a la existencia, el deporte a una biografía que dura 90 minutos y cuyas consecuencias exteriores al sistema que se desarrolla en la cancha son definitivas aunque, de cierta forma, permanece dentro de sus límites”.
Bajo decidió esta vez empezar el libro con nuestro cuento, pero según el poeta Gabriel Chávez en realidad jugamos de zagueros. Chávez bautizó a la selección nacional de las letras bolivianas: “Homero Carvalho en el arco; Carlos Mesa y Alfonso Gumucio, de pareja de zagueros; Gary Daher y Willy Camacho en los laterales; Wilmer Urrelo y Claudio Ferrufino en la contención; Juan Pablo Piñeiro y Christian Vera, volantes mixtos; Mimo Pacheco de enganche y Edmundo Paz Soldán de punta solitario; y 15 más, de refresco, por si acaso”.
Ahora, en la edición de El Cuervo, 31 autores con 30 cuentos (el nuestro explica otra vez la discrepancia numérica), jugamos codo a codo en Domingos por la tarde: cuentos bolivianos de fútbol. Repiten en esta segunda aventura los titulares Gonzalo Lema, Willy Camacho, Liliana Carrillo, Inés Gonzáles, Homero Carvalho, Paul Tellería, Christian Vera, y Mariana Ruiz, y se incorporan delanteros de la talla de Wilmer Urrelo, Juan Pablo Piñeiro, Magela Baudoin y Adolfo Cárdenas.
Si en el terreno de verdad del fútbol boliviano se jugara con tanta ética y compromiso, probablemente no nos iría tan mal.
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¿En qué se parece el fútbol a Dios?
En la devoción que le tienen muchos creyentes
y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales.
—Eduardo Galeano

lunes, septiembre 08, 2014

1. Próximo ingreso de la escritora Mariana Ruiz Romero a la Academia Boliviana de Literatura Infantil y Juvenil
 

El próximo jueves 18 de septiembre, a horas 19:00, en el Anexo del Espacio Simón I. Patiño

 (La Paz), la escritora Mariana Ruiz Romero hará su ingreso oficial a la Academia Boliviana de Literatura Infantil. Con ese motivo, la escritora realizará la lectura en público de su trabajo de investigación "Elda Alarcón de Cárdenas: vida y obra".

Mariana Ruiz nació en Tarija en 1982. Es poeta y cuentista. Cultiva de manera especial la literatura para niños. Estudió filosofía y letras en la Universidad Católica de Cochabamba, luego hizo una maestría en Relaciones Internacionales en Córdoba, Argentina, además de tomar cursos de cocina, hecho que ayudó a su primera publicación. Ha colaborado en diversos suplementos literarios en su país. Ha publicado Los secretos de Rosalba, coedición argentino-boliviana. Es parte de la antología joven de poesía boliviana "Cambio Climático" editada por el Centro Cultural Simón I. Patiño.

Respecto de su trabajo para niños, la autora le dijo al diario Página Siete: “No importa si vivimos en tiempos donde las tecnologías ofrecen cosas increíbles. Siempre y cuando ofrezcamos algo interesante a los niños, ellos leerán un libro; sin embargo, no hay que descuidar la forma (el formato) de los textos, como en el caso de Uma, las ilustraciones son increíbles”.

 

Los libros publicados por la autora y dedicados a la literatura infantil son: Uma y el círculo mágico, Uma y el tren a las estrellas, Uma y el guardían de los animales, El baile de los dioses. El cuento : "Edredones, frazadas y sueños" es parte de la Antología, "Dicen que en mi país", todos los libros sus libros son editados por Editorial La Hoguera. 

 

lunes, mayo 05, 2014

Antología de Cuentos Bolivianos de Fútbol

Domingos por la tarde
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Domingos por la tarde

Domingos por la tardePor: Ricardo BajoDomingos por la tarde: cuentos bolivianos de fútbol nació en un boliche vacío. Hace unos meses el colega Javier Badani organizaba un conversatorio entre Édgar El Chino Arandia y Adolfo Cárdenas en el mítico Bocaisapo. La charla se retransmitió vía internet. En el bar apenas estábamos siete personas y ahí me enteré, gracias a las oportunas y sagaces preguntas de El Chino, que el Alf había escrito hace muchos años un extraño cuento futbolero. —¿Te gusta el fútbol?, preguntó Édgar. Cárdenas recordó sus años de condena como arquero en los partidos infantiles, confesó su falta de afición por la pelota ya de adulto, pero se reivindicó trayendo de vuelta a la charla aquel cuento titulado El Apocalipsis relatado como un partido de fútbol publicado a finales de los 90 en su libro El octavo sello.

La conversación siguió por otros derroteros y me quedé pensando.
¿Habrá más relatos de fútbol en la literatura boliviana a ser “recuperados”?
¿Y si hacemos un libro con esos cuentos? Me puse en campaña y fracasé.
No encontré (por torpe y flojo probablemente) ninguna otra “perlita” como la de Adolfo.
Pero no de-sistí. ¿Y si mejor charlo con escritores y escritoras para que los relatos sean inéditos? Tenemos buenos literatos en Bolivia y un fútbol pésimo, me dijo un cuate.
¿O me lo dijo lo contrario? El caso es que volviendo a los viejos tiempos como editor de Fondo Negro me contacté con casi 30 escritores y escritoras de todo el país:
de Santa Cruz a Oruro, de La Paz al Beni pasando por Sucre, Cochabamba y Tarija.

Y así, sin prisa pero sin pausa se armó lo que el poeta Gabo Chávez (también participante con una hermoso ejemplo de prosa poética) bautizó como la selección nacional de las letras bolivianas: Homero Carvalho en el arco; Carlos Mesa y Alfonso Gumucio, de pareja de zagueros; Gary Daher y Willi Camacho en los laterales; Wilmer Urrelo y Claudio Ferrufino en la contención; Juan Pablo Piñeiro y Christian Vera, volantes mixtos; Mimo Pacheco de enganche y Edmundo Paz Soldán de punta solitario; y 15 más, de refresco, por si acaso.

El gol (y la literatura) es una consecuencia del buen hacer. Muchos de los relatos que forman parte del libro hablan de nuestros mejores años, la niñez despreocupada, juguetona y feliz. Ya lo dijo el español Javier Marías: “el fútbol es la recuperación semanal de la infancia”.
Pero también se transpira dulce nostalgia, pasiones y viejos recuerdos. Y una rara simpatía por esas derrotas que te persiguen por siempre, por las alegrías lejanas que volverán mañana, por aquellos equipos que ya solo ganan en nuestra memoria, por aquellas viejas escuadras
 (Stormers de Sucre, Bata de Quillacollo, Wilstermann Unificada de Potosí…).
En Domingos por la tarde (editorial El Cuervo) jugadores legendarios como Tamayá, Garrincha y Chichi Romero vuelven a patear pelotas como personajes de ficción; retornamos al Monumental de River para festejar un empate del rojo aviador; viajamos a los años 60 para averiguar el misterio del descenso de Bolívar; nos zambullimos en hinchadas enamoradas; nos olvidamos de los antihéroes y los villanos; resucitamos a nuestros abuelos y abuelas con el fútbol como vínculo; derrotamos prejuicios machistas a punta de balonazos contra todos los cristales.

Ciencia ficción, cuentos negros y policiacos, relatos de amor y humor, surrealismo (¿puede jugar un hipopótamo en un equipo de fútbol?) y un viejo olor a antaño y poesía, a patria, a Guerra del Chaco, a tranvía y chayñita, a futbolistas llegando a pie al estadio, caminando entre las multitudes.
Los goles y los libros están siempre ahí, esperando a ser gritados, esperando a salir de las librerías para ser leídos. Domingos por la tarde: cuentos bolivianos de fútbol se presentará el viernes 30 de mayo en la Feria Internacional del Libro de Santa Cruz; unos días antes también lo haremos en La Paz.

Fuente: La Razón

PD: Una frase aquí resume el cuento con el que participo: "La promesa". ¡Genial equipo! (Segundo cuento que publico acerca de fútbol, después de la antología Warikasaya. Cuentos stronguistas, Editorial Nuevo Milenio, 2008).

Reseña del Baile de los Dioses por Liliana de la Quintana

UN LIBRO QUE NO TE PUEDES PERDER

 El baile de los dioses
de Mariana Ruiz

 
Liliana De la Quintana

Bajo el sugerente título de El baile de los dioses, Mariana Ruiz nos entrega una novela juvenil, en la que Estela es la protagonista y tiene una gran misión.

Los dioses andinos antiguos han despertado y se han reunido para un gran acontecimiento. Se pronostica que algo sucederá. Estela prepara un viaje con sus amigos al Carnaval de Oruro, pero entre sueños y una realidad paralela, ve que no podrá asistir porque un amuleto forma parte de su mochila y una fuerza extraña la conduce por otros caminos.

Mallki es un joven de mirada extraña que será el guía de Estela en un recorrido mágico que tendrá una serie de obstáculos, porque alguien quiere impedir ese viaje.

Primero llegan a Oruro y luego pasan al Salar de Uyuni donde convocan a la princesa de la aurora Pachapaqariy, que les entrega un objeto que les permitirá cumplir con la misión que tienen. Les ayuda a transportarse por un camino mágico de hilos de seda, llegando hasta los chullpares donde solicitan la presencia de la ñusta Qoyllur, con quien Estela establece una conversación sobre el pasado que concluye con la tarea de ir a Copacabana para encontrarse con Choquechinchay, la constelación del jaguar celeste para despertar las fuerza del cielo.

Estela no comprende nada, no sabe cuál es esa misión. Es solamente testigo de las numerosas visitas que Mallki hace a otras deidades, luego de pedir el imprescindible permiso para hablar con ellas.

Los dioses se humanizan, visten la ropa andina. Las mujeres polleras vistosas y mantas de fiesta, joyas y dientes de oro. Los hombres igualmente portan ropa de alguna danza andina.

El viaje continua hasta que llegan a Copacabana donde está la “mamita”, la virgen de Copacabana, que es la antigua diosa del lago que originalmente se llamaba Pulimama.

Estela y Mallki se encontraron frente a una ciudad bajo el lago Titicaca donde habitan dos sirenas ancianas con caras de sapos, que luego de reprochar a Mallki  le dan un cilindro,  una especie de salvoconducto para conseguir hablar con la mamita de Copacabana.

Se dirigieron al altar donde la Virgen toma forma humana, deja a su niño y desciende hasta donde estaban ellos para establecer una conversación poco usual.

En este escenario aparece Pachacamac que le reclama por la vigencia que tiene ahora ella entre los humanos y la perdida de la antigua religiosidad. La mamita de Copacabana argumenta su solidez en el mundo actual y con ello también la supremacía frente a las antiguas deidades, porque afirma que lo más importante es la fe de la humanidad en la religiosidad.

Hay dos acontecimientos históricos que atraviesan la novela: la extirpación de idolatrías, y el baile del Taqui Ocoy. Ambos ocurrieron en la colonia  y se tradujo en la actitud de los curas que llegaron a América y ante la gran religiosidad de los indígenas, se generó una horrenda prohibición de que siguieran adorando a sus dioses, que ellos llamaban idolatría y que relacionaban con el demonio. Así destruyeron templos y  altares  y eliminaron toda actividad para imponer la nueva religión. Ante esta desolación, los pueblos andinos, como una forma de resistencia iniciaron una serie de bailes, el Taqui Oncoy, en los cuales deseaban rescatar y salvar a sus dioses.

Pachacamac  es el dios antiguo que encabeza el grupo que planea un baile en el que se castigue a la humanidad, en este caso representada por los paceños.  La reunión se realiza en un hospedaje de El Alto, donde van llegando los dioses relacionados con los fenómenos naturales, algunos vestidos como aparapitas. El baile de los dioses se inició con una serie de desastres naturales, lluvias excesivas, deslizamientos, anegamientos. Muchas personas mueren.

Estela al final y casi en un despertar inusitado sabe que su misión es salvar a la gente de las catástrofes que los dioses están desarrollando con su baile. Se ha desatado “febrero negro” con todas las consecuencias para la ciudad de La Paz.

Estela se reconoce hija de antiguas diosas que representan a las estrellas. Logra despertar a la constelación del jaguar azul en el cielo y con ello a todas sus hermanas para frenar la ola de desastres. Al verlas Pachacamac les explica que esto se debe a que los humanos están destruyendo a la Pachamama y que han decidido salvarla con la desaparición de la gente.
Las estrellas a modo de contrarrestar las acciones también inician un gran baile, de mucha fuerza donde Estela toma parte. Y en ese ambiente aparece Wiracocha, el padre de todos los dioses, que con su mirada reclama e interroga por lo acontecido.

Los dioses andinos ante esta gran presencia reconocen que no solo destruyen sino dan vida a la humanidad. Así también emerge de la tierra  Sachamama, la vida que les recuerda que nada muere, que todo se transforma. Que los dioses viven porque la humanidad cree en ellos y que si ellos destruyen al ser humano, también morirán. Con estas recomendaciones Wiracocha y Sachamama regresen a sus orígenes y con ellos los dioses retornan a sus espacios.
Estela se recupera en su casa y escucha a sus amigos que le cuentan sobre el desastre que ha ocurrido en La Paz. Al mismo tiempo recibe un regalo de un joven que ha dejado un amuleto en su casa.

El baile de los dioses es una novela que nos permite conocer a muchas deidades andinas, que nos acerca a la religiosidad desde otro punto de vista, que nos recuerda nuestro origen celestial y nuestra misión en la tierra, pero sobre todo que el ser humano es el gran constructor o destructor de su propio destino.

 
Título: El baile de los dioses
Autora: Mariana Ruiz
Ilustrador:  Pablo Ruiz Arroyo
Año: 2014
Editorial: Grupo Editorial La Hoguera
Santa Cruz de la Sierra, Bolivia
1.a edición, 2014
Depósito Legal: 8-1-117-14
I.S.B.N.: 978-99954-51-39-4

viernes, marzo 28, 2014

El baile de los dioses

Estela prepara un viaje junto a sus compañeros de curso para ir a ver la entrada del Carnaval de Oruro. Sin embargo, al llegar a la terminal, Estela escucha a dos de sus mejores amigos hablar por celular con su madre quién les dice que ella está enferma y que no podrá ir a Oruro. Estela intenta decirles a todos que ella sí está en la terminal, lista para viajar; pero una fuerza extraña la mantiene invisible, sin poder moverse ni hablar. Su destino ciertamente es otro y está marcado por los dioses.
El baile de los dioses es una novela protagonizada por la joven Estela y el vendedor de amuletos Mallki. Su encargo es saber guiarla para evitar que el dios de los temblores, Pachacamac, pueda encontrarla; misión extremadamente difícil porque el Señor de los dioses lo sabe y conoce todo.
Mariana Ruiz toma en cuenta distintas leyendas andinas en las que surgen como protagonistas distintos dioses, cada uno con una función específica, que en algunos casos ayuda y en otros obstaculiza la misión de los protagonistas. Así tenemos a la Ñusta , al dios de los vientos, a la princesa de la aurora, a las sirenas del lago, al tío de la mina, a la serpiente Amaru, y muchos más. Todos, personajes de nuestras tradiciones que por esta vez actúan juntos y se encarnan de manera ficticia en una novela que mantiene en suspenso el destino de su protagonista.

La trama se desenvuelve en un contexto de paisajes andinos en el que el viaje es un recurso permanente, así como la complicidad que el narrador tiene con el lector al compartir con él secretos que sólo el narrador conoce. Un relato sin sobresaltos hasta que… los dioses quieren bailar.
(Texto de Isabel Mesa)