viernes, marzo 16, 2007

lo que nos une

En la penumbra

Tú no puedes mirarme de lejos

Yo no puedo mirarte de cerca

A cierta distancia, nos imaginamos


Una luz

Muta

Envolvente
Interna

Nos embellece

martes, marzo 13, 2007

Violencias Oblicuas

Una llave se me escapa de entre los dedos, los pliegues de la ropa, los cuadernos.
Tenaz, se las arregla todas las mañanas para desaparecer.
Me odia. Como si fuese yo su carcelera, condenándola a abrir la misma puerta a mi aire, a recorrer los mismos recorridos, cuando todo lo que ella desea es ser libre, una llave sin llavero perdida para el mundo, capaz de contemplarse en el reflejo de las nubes y soñar con otros dedos, otras puertas.

Ha lanzado una maldición contra mí, y de pronto, no sólo la pierdo a ella. (No conforme con que para salir a la calle la busque en el dormitorio, el dormitorio en la casa, la casa en la calle, y que a la calle no llego porque primero la necesito a ella).
Ahora, condenada como estoy, pierdo todo aquello que me comunica: los lentes, el contacto, la dirección, el combustible. La envidio. No sólo es capaz de arrinconarme, desconectarme y tenerme dando vueltas sobre mí misma –remolino incesante de mí en mí- sino que también es capaz de enseñarme, mostrarme mis más asiduos y sólidos errores.

“Excusas”, me dice, burlona, tras pegarme un mordisco cuando la encuentro. “Hay cosas que tienes que perder, lugares a los que no tienes que ir, gente con la que no debes encontrarte”.
“Excusas”, repite, mientras tironea con sus bracitos de llave para apartarse de mi agarre, mi insistente sostenerla. “Son las cosas las que están sujetas por ti, no te quejes, no le digas al lector que son ellas las que te atrapan, te someten, se te hacen necesarias”.

Yo suspiro, cansada de tanta amonestación, y me dedico, otra vez, a ignorarla. Que es justo lo que ahora estoy haciendo.

miércoles, marzo 07, 2007

Es mejor así

Siguen los temerosos

las aguas siniestras

los huracanes de cuervos


Ausente, ajena
yo miro la luna redonda
pido por no dormir sola
Ignoro los signos

Mientras desaparecen las abejas

Me digo,
Es mejor así


(La Paz)

viernes, febrero 23, 2007

un rastro

una huella ligera, detrás de la sombra, allá, adelante. La persigo, presintiéndome, rememorando,

golosa, tropiezo al caminar, me embarga, me subleva, me conduce.


Antes de avanzar, embriagada, sospecho algo.( Nada hay peor que el olor a bienestar añejo.

Aroma a lo que no pudo ser, y no fue. Delicioso por sutil, por imposible).


Me detengo. Instintivamente, reculo, cubro mis sentidos, me contraigo. La herida brilla a mi

costado, pulsa. Lacerante, acicatea mi huída.


Me repito: Sigo viva, por lo que no pudo ser. No voy a olvidarlo.

No obtener mi deseo me ha hecho la que soy. Me sospecho afortunada, y retrocedo.

Abandono

lentamente

tu rastro

(ya he aprendido)

viernes, febrero 16, 2007

The Pillow Book


Sei despierta, el viento vibra sobre su rostro, abre los ojos, recuerda. El jirón de nube, la añoranza por el amado, el crujir de la seda. Sei, toda ella bajo una mampara, se incorpora y febril, alcanza, bajo su mano: papel, tinta molida –mineral- pincel. Traza, impecable, caracteres. Celosía, viento, gota. Inmortal, abre para mí su mundo de ventanas y madera.
Desde la almohada.

sábado, febrero 10, 2007

La costura de la herida

Yo sinceramente creí que las puntadas iban a aguantar, aunque no es en serio. Yo lo vi sangrando sobre la mesa y me dolió el pánico, la ansiedad desesperada. Así que saqué hilo y aguja del bordado de la sala (que no sé tampoco si voy a terminar, o cuándo), sujeté como pude los dos costados de la herida, y le metí aguja. Creo que ni le dolió. Sinceramente, ambos queríamos que el sangrado se detuviera. Y lo hizo. Después, empezó a cicatrizar. Primero yo me equivocaba y traía a colación el tema, pero como se ponía temblar todo poco a poco dejé de hacerlo. En tres años, me mudé a otro país y logré, creí, olvidarlo. Hasta le saqué las puntadas, fíjese. Claro que después, encima, le coloqué barniz del grueso, uno que sólo en momentos muy tibios se desprendía un poquito, pero siempre un trozo, nunca entero. Ahora, que he vuelto, la cicatriz blanca parecía tranquila. Hasta que, es un decir, llegamos a la escena del crimen. Pues nada, tragué en seco y la vi enrojecer, a la herida, temblar entera, y derramar unas gotitas de sangre. Quise huir, antes de que reviente de nuevo, pero me toca permanecer. Y estoy perdida. Heridas y ojos son bocas que nunca mienten.

viernes, febrero 09, 2007

Presentación II

El genial autor de Potosí 1600 y ¡Qué solos se quedan los muertos! (Ramón Rocha Monroy) tuvo a bien presentar este textito en la noche del 7. Por supuesto también tiene blog. Gracias Ramón!

Columna ROSALBITA


BUENA LECHE

Los secretos de Rosalba


Nuevo Milenio presentará hoy "Los secretos de Rosalba", de la escritora tarijeña Mariana Ruiz Romero en el auditorio de Los Tiempos a las 19:30. Un libro doblemente incitante pues se define como un recetario poético.

Incitante al menos para este servidor, a quien el disfrute de la mesa, de la cama, de los sentidos y de la poesía, jamás le fue indiferente.

Comencemos uniendo ambos elementos y tendremos un atributo esencial de la obra: la construcción de una poética en torno al arte de la cocina de una mujer que, al cocinar, se guía por olores, por recuerdos, y nunca mide la proporción de las cosas. Aquí tenemos tres nuevos elementos: esa poética es no sólo coquinaria, sino también femenina, y ronda, husmea, ramonea, rochelea –para rescatar dos palabras añejas—en una zona desaforada, es decir, fuera del fuero de la Razón, esa institutriz inglesa que todos tenemos dentro. Esto debido a que los olores, los recuerdos, la inobservancia del precepto de medir la proporción de las cosas son elementos propios de la intuición, de la premonición, de la corazonada, del pálpito, del sexto sentido, del ritmo y el metrónomo y el diapasón que las mujeres parecen tener alojados lejos de la cabeza, en la zona limítrofe entre el corazón y el sexo, donde hospedan la vida.

Ahora podemos entender la magnitud cósmica de la apelación inicial de la novela: "Rosalba –la protagonista—posee secretos, secretos tan amplios que no cabrían extendidos sobre las llanuras donde cultivamos el té, secretos tan profundos que ni al pie del aljibe podríamos extraerlos. Se hacen visibles, en especial, cuando ella cocina: comer lo que venga de los dedos de Rosalba es casi comparable a rozar los secretos del universo." Estas frases postulan una filosofía femenina del equilibrio, pues mientras los hombres fabrican teorías y praxis sobre la guerra, el poder, el dinero, la política, la geopolítica, la hegemonía, la ciencia, las mujeres creen con todo su ser que el gesto de Rosalba de tomar con los dedos una pizca, un escrúpulo de ají, de ajonjolí o de hojas de eneldo para redondear un sabor es tan importante para el equilibrio del universo como la ley de la gravedad o la energía atómica. A Rosalba que no le vengan con esos frutos amargos o insípidos de la Razón porque de inmediato los corregirá con el ají, ese redentor de sabores, pues redime sabores inciertos o disimula la ausencia de ellos.

Estos elementos hacen que "Los secretos de Rosalba" sean un libro único, pues ha sido escrito en una prosa ceñida, por una mujer en pleno uso de sus sentidos, en homenaje a otra mujer en la plenitud de la sensualidad de la especie, a través de una poética irrepetible, porque contiene esa información genética y cultural que Rosalba y Mariana recibieron de las míticas mujeres de su familia siria, criadas y educadas por y para el disfrute, como querían los viejos poetas y pensadores árabes, que vivían días de vino y rosas, milenios antes de que el Profeta irrumpiera alfanje en mano para imponer una religión de estertores, de inmolaciones y preceptos capitales. Y que Alá me sea leve.

miércoles, febrero 07, 2007

Presentación

Re conocí a Rosalba en un momento muy agradable de mi vida. Juntas supimos aprovechar cada instante, y sabernos unidas nos ayudó a superar cualquier contrariedad, cualquier adversidad que intentara separarnos. Más tarde, luego, lejos en otro país, supe que aquellos momentos compartidos con alguien cercano habían dejado una profunda huella en mí, un rincón donde podía refugiarme con sólo cerrar los ojos. El simple eco de la voz de Rosalba, el aroma que supo darle a mis preparaciones, permaneció en mí, de un modo tal, que ahora soy capaz de transmitírselo a Ustedes.
Rosalba, que es más que un recuerdo y un personaje, (algo mayor incluso a la misma mujer que se esconde tras sus sabores y sus dichos), pretende actuar de catalizador. Rosalba es la puerta por la que supe saborear las tradiciones de mi tierra, y el modo mediante el cual pude ver con ojos nuevos los lazos entre familiares, amigos y amantes, entre todas las personas. Rosalba es mi testimonio de amor y es ese mismo amor el que se filtra a través de cada una de éstas, sus páginas y recetas. Si tengo tiempo, quisiera regalarles una receta inédita, que se me escondió y que quiere pertenecer a este libro (quizás en una segunda edición), motivo para invitarles a recordar a la sopita estrella de mi tierra, la sopa de maní:

Sobre sopas, frutas y estaciones
"Pocas cosas son tan buenas como comer mandarinas mientras el sol tuesta tu piel" me dice Rosalba, y no puedo sino coincidir y desperezarme. Es la hora de la siesta, junto a la fragancia cadenciosa de las frutas está el olor seco de las cáscaras de maní. Es el otoño, el sol apenas alcanza a regalar tibieza y nosotras vamos pelando el maní crudo para la sopa del día siguiente. "Naturalmente" me cuenta Rosalba "el maní es un producto adaptado a estas tierras, como son adaptadas las recetas españolas o francesas que conforman nuestra cocina. La mezcla de recetas y productos es la bendición gracias a la cual cada lugar posee una esencia propia. Aquí, en las recetas de avellanas y almendras interpusimos los maníes y las almendras del Beni, a las liebres las cambiamos por cuises –conejitos de la india- a los condimentos europeos añadimos los nuestros, por sobretodo el ají en vaina, colorado o amarillo. Y aquí" me dice, mientras me alcanza otra mandarina, con un gesto grácil, la blancura de sus dedos contrastando el verde de la cáscara "descubrieron nuestras frutas…" Pobres de espíritu los que suponen que en el mundo hay sólo una variedad de cada cosa: un solo tipo de arroz, una sola especie de papa. Mis ojos recorren mentalmente las coloridas pirámides de fruta que esta mañana vimos en el mercado, mi boca paladea el nombre de sus frutos: banana; plátano-manzana de cáscara roja; guineo; dulce cajita, el más pequeño y dulce de todos; papaya; sandía; ciruelo morado; ciruelo verde y dulzón; damasco; cereza; guinda; tuna; achachairú; chirimoya; carambolo; mandarina; toronja; lima; melón; melón rosado; melón pepino de cáscara a rayas; uva negra y moscatel; nuez fresca; tamarindo; tumbo; durazno frisco; nectarín; caqui; manga rosa; mango; manzana criolla; palta; coco; perita verde; higos; pasas: de uva, de ciruela, de higo; frutillas; frambuesas. La lista podría seguir. Todas frescas, todas apiladas bajo la mirada atenta de quienes te invitan a probar, para comprar luego. De este tipo de abundancia pocos saben en la tierra.

Para la sopa de maní Rosalba prepara un caldo espeso con patas de pollo, cebolla rallada y tomate ídem. Cuando éste ha tomado sabor y consistencia le añade una taza de maní crudo pelado en agua caliente y licuado, y espera con proverbial paciencia a que esté cocido. Casi al final, le añade palillo (cúrcuma) para teñirlo de amarillo y perfumarlo, y da un hervor a papas y zanahorias cortadas en bastones en el mismo caldo. Algunos deciden obviar el palillo y tostar fideo para que la sopa sea blanca pero no menos sabrosa, otros además le añaden arroz. Es plato apto para todo tipo de estación, se sirve espolvoreado de crocantes y diminutas papas fritas y acompaña bien cualquier almuerzo. La sopa, como las frutas, varía de estación a estación, pero es infaltable en cada mesa: redondea y completa el"segundo" o plato fuerte, prepara los estómagos y caldea los corazones. Un almuerzo sin sopa es para muchos, entre los que me incluyo, la triste sensación de que ese día las cosas van apresuradas, y el vacío que implica a la hora del condumio sólo puede compararse a la ausencia de un ser querido, tan necesaria es su presencia y acompañamiento.

lunes, febrero 05, 2007

avergonzada

Adentro estoy negra, negra, hecha
de gritos
Quiero llorar lágrimas de fuego
Lavarme toda
Olvidarme

Borrar el temblor de mi voz, (si te hablo)
El temor de mis ojos, (si te miro)

Aún
llena de amor

Y avergonzada.

miércoles, enero 31, 2007

Invitación Cochabamba

Presentación de Los secretos de Rosalba

Presentación del libro Los secretos de Rosalba (Editorial Nuevo Milenio, 2007)

El miércoles 7 de febrero del 2007, Nuevo Milenio presenta el libro Los secretos de Rosalba de Mariana Ruiz Romero (Tarija, 1982), en el auditorio de Los Tiempos, Plaza Quintanilla, a las 7:30. Los secretos de Rosalba plantea al lector una novedosa combinación de literatura y culinaria, campos que, en apariencia, no llegan a ser complementarios. Se trata de una colección de cuentos y recetas que funcionan a guisa de “recetario poético”. En palabras de la autora, tal recetario implicaría “un deleite y una elección, un bocado literario y una receta a preparar, algo a ser anticipado, leído y degustado”.

Ramón Rocha Monroy, premio Alfaguara, destaca a propósito de Los secretos de Rosalba: “Las frases de Rosalba y la actitud de la narradora que escucha son lánguidas y desmayadas, como los sueños eróticos de las mujeres bellas suelen contarse mientras se acarician como gatas en celo…“Cucina amore”, la cocina es amor, parece decir cada una de las páginas de este libro que construye su poética desde una sensibilidad maravillosamente femenina”.



domingo, enero 28, 2007

hay nardos en el piso


Hay nardos en el piso. Cuando entras lo primero que ves son sus formas blancas, bulbosas, y ahí te golpea, el olor, el poderoso perfume de los nardos en el piso. Por un momento parpadeas y los nardos se multiplican, se hacen más grandes a medida que el olor invade tus fosas nasales, y a ellos, a los que tiemblan, pesados, en el piso, empiezas a añadir todos los nardos que alguna vez contemplaste y percibiste, con la nariz y con el ojo, con los dedos y la piel sedosa de los brazos, mientras los cargabas, en ramos enormes y frescos, desde el mercado de colores hasta tu casa, saludando a la gente, esmerada en no soltar el abrazo de los nardos, de transportarlos, cuidadosamente, de no dejar ninguno en el camino. Recuerdas, como en un espejismo, los floreros, jarrones y vasos largos donde supiste colocar los nardos, tras limpiar los tallos y cambiar o llenar de agua el recipiente, excusa-base para ellos, los nardos, que procurabas tener cercanos a la nariz para que el mundo se poblara de sus blancos pétalos, las caras de quienes te apreciaban transportándolos apenas un resabio del transcurso luminoso entre el balde de donde los compraste y tu casa, los nardos, siendo transportados mientras gritaban su perfume, avisando con su rastro que eran transgredidos, movidos aleatoriamente, desde su pasado simple de campo y nardo todo uno, hasta ahora, hasta el florero base, excusa apenas para mostrar al señor y dueño de la situación, el nardo que no se deja derrotar por tanto trajín y correteo y se yergue desafiante, el perfume al viento, los pétalos aún tersos, a pesar de los días inmóviles, al sol, a la sombra, escuchando tanta alabanza contenida, defendido detrás de su perfume. Al final, aunque no impotente, se deja, decae, descienden sus capullos erguidos, los pétalos aún blancos, el perfume más pungente si cabe todavía, el decaimiento feroz en lucha de aroma a nardo, y la batalla se va perdiendo, van capitulando las cabezas de nardo, se tiran kamikazes al piso, se magullan, los pétalos ya no tan lisos, el perfume aún presente, recordándote desde la puerta que el florero de la izquierda tiene nardos, que hay nardos, que los nardos existen, en el piso, que hay que volver, reemplazarlos, comenzar todo de nuevo.

sábado, enero 20, 2007

Gris

Gris

Blanco no es la palabra, es más bien una especie de difuminado lleno, envolvente, que reemplaza y rellena los colores que inundan la vista, tampoco es horizontal ni curvilíneo, es, y nos rodea.

Gris

Abajo, verde. Tipos de verde: verde musgo, verde paja, verde barro, verde amarillo, verde gris, verde-ver, verdes que se elevan y se funden. Triangulo, cuadrado, barro, rectángulo negro. Enormes líneas verticales marrones. Líneas negras apenas interrumpidas por manchitas cada cierto trecho. Amarillo (importante, todo sigue envuelto en esa especie de gris lechoso que ilumina y abrillanta) y marrón. Rojo por pedazos irregulares. Celestes y grises compactos. El conjunto en general da una sensación verde y amarilla.

Y gris.

No hay nadie más que nosotros, embebidos en el paisaje. Manchones amorfos, dubitativos, que avanzan a paso de tortuga.

Seguimos caminando. Una corriente marrón nos obliga a quitarnos los zapatos. A la izquierda manchas blancas sobrevuelan una extensa superficie de azul acerado y líquido y sí, también, gris.

Pronto se hará de noche, el gris paulatinamente envolviéndose en azul turquesa y luego en negro. Nosotros seguiremos caminando, adivinando manchas sobre manchas, atentos a los trozos blancos que como en un sueño indican el camino, el piso, la pisada.

Amarillo, circular y brillante. Negro. Figura negra sobre negro.

Albergue. Lluvia, velas, ratones, goteras, manchas enormes de barro sobre las maderas.


Mañana, también gris. Y camino.

Pero esa es otra historia.

jueves, enero 18, 2007

Primer bebé: Los secretos de Rosalba


Bueh, aquí está. Nació como un homenaje a una mujer, y está hecho con todo el amor del que soy capaz. Hay una reseña disponible en Editorial Nuevo Milenio y en Los Tiempos. Ya les iré contando en qué librerías está disponible, por lo pronto sé que Los amigos del libro en Cochabamba ya lo tendrán.


Y claro, salud!!

jueves, enero 11, 2007

concurso mascota boliviana

Se trata de encontrar, crear, inventar, una mascota para la nación y cada uno de los 9 departamentos.

Las bases están disponibles aquí

jueves, enero 04, 2007

en el limbo

En el limbo, un hombre sueña una mujer. La sueña entera, fulgente, dormida.
La sueña soñándolo.

miércoles, diciembre 27, 2006

recuerdos incluídos

Tengo que irme. No estoy donde debería estar y la urgencia de partir me remueve entera. Escribo, porque-no-queda-más-que-escribir, porque-no-sabría-hacer-otra-cosa, antes de mandarme a mudar, de hacerme aire, de huir con mi nombre y mi piel a cuestas. Es tan lindo estar en otra parte, ser una desconocida de pelo negro y ojos distraídos. Sonreír y pensar, ah, nadie sabe a quién me parezco cuando sonrío, ni quienes son mis padres. Nadie sospecha con quien duermo abrazada, ni se lo inventa si no sabe. A nadie, y este es el alivio más profundo, le afecta mi soledad, mis cambios de humor, mis desalientos. Puedo, sin chistar ni ofrecer explicaciones, desnudarme en una plaza, besar las esquinas de sombra, bailar al son de música en balcones. Puedo atracarme de galletas, no comer una semana, beber sólo agua y no doblar mis pantalones por la línea del medio. Puedo puedo puedo. Y este sol, y cielo azul, y ésta cerveza fría, no alcanzan a convencerme de lo contrario. Todos ellos, diferentes, se pueden hallar en otras partes, los dioses saben que lo particular es universal, sólo que está en un lugar distinto al anterior. Así, disfrazada, parto pronto. Las faldas recogidas, los senos escondidos, temprano una mañana. Aunque mi pasado me persiga, da lo mismo. Toda forastera lleva a cuestas lo suyo. Recuerdos incluídos.

miércoles, diciembre 20, 2006

tablas de náufrago

Tablas de salvación.

Manotazos cuando el aire se torna irrespirable.

(la honda inhalación de los otros mundos)

Letras en horizontal

¿Quién no tiene una manera secreta de salvarse del abismo?

Cuidadosamente, al azar

Pequeños parapetos

Objetos de cábala

En contra del destino

De días y noches sucesorias

Nuestras armas

Nuestro oficio

(resignados a nuestras propias invenciones, vivimos)

Tras los objetos, a la espera de la muerte

En los objetos, escondidos de la vida.

sábado, diciembre 16, 2006

saberse

¿Dónde, exactamente, se sitúa en nosotros la emoción? ¿En qué parte de mis talones, la avaricia? ¿Dónde en el estómago, la tristeza? Mis costillas podrían ser el espacio que escoge la alegría, para presentarse. Mis orejas, quizá, dibujan en sus arcos los recovecos de mi fidelidad. ¿Dónde, amor, sientes que me extrañas? ¿En tus riñones, en tu entrepierna, entre tus dos brazos, ahí, donde reposaba mi cabeza? ¿Dónde, madre, me recuerdas? El cuerpo, manifiesta y escoge, epitomiza y susurra, adentro suyo, todo lo que es, percibe, opina. En mi piel están mis temblores, en mis costados, mis afectos, en mis piernas, el apego voluble que siento por la realidad. Pero no toda manifestación es evidente. Aún desconozco qué hace mi estómago para licuar mi rabia, porqué mi espalda gime a veces, qué quieren decir los lunares de mis brazos. Aún no sé leerme toda. ¿Quién puede sentirse sabio, si no sabe, todavía, leerse? ¿Quién, verdaderamente, enterado?

miércoles, diciembre 13, 2006

Descansan

En sus sueños no se disculpan

No se arrepienten

No extrañana a nadie

En sus ojos vela la noche

En sus oidos arrulla el silencio

Su manto no es pesado, es invisible

(La existencia puede seguir
ya no importa)

Descansan, su nuca en toda la tierra que está debajo

También de nosotros

(Santa Fe)

sábado, diciembre 09, 2006

octubre

Se da la vuelta, y es como si acabara de aterrizar, los brazos húmedos de aire, descendiendo hacia sus costados, los pies recién posados en el suelo, la mirada ausente, de quien aún no se sabe en tierra. Me mira, y en su mirar comprendo está todo el paisaje, yo un elemento más, me mira y siento diluirme entre las paredes de la casa, la verja de hierro, los perros durmiendo. “Es tarde” le digo, tratando de sonar normal desde mi pegajoso entorno, ya no única sino mezclada a todo, como su mirada me ve. “Deberíamos tomar algo” le digo, “una taza de té, comer alguna cosa”.Ella me escucha silenciosa, la cabeza quieta en mi dirección, como olfateando cuidadosamente mi registro de voz. (Que no huela preocupación, ruego, que no vea más que mis ojos fijos en ella, lejos del acantilado donde parece acabar de posarse, que no se voltee) “Hay tarta de limón, la que te gusta. Y estamos todos esperándote”. Odio su silencio, siento que me escrutina, que desea sacarme toda la intención detrás de mis palabras. Quieta, una ella también con el paisaje, el mensaje al fin golpea su parte consciente, una fracción de segundo más tarde que lo habitual. “Bueno” dice, con la naturalidad más rara. “Vamos”. Cojo su brazo y la siento a mi lado, caminando insegura, su pelo corto dándole un aspecto de muchacho, sus ojos fijos. “Vamos” repito, y soy yo la que se quiere apoyar en ella, seguirla en su silencio, perderme allá donde ella está, viendo lo que ve. Sin llorar, entramos a la casa.